Con la Boba papá también portea

Lo que nunca me hubiera imaginado de la maternidad (I): Porteo

En septiembre de 2012, embarazada de cinco meses, tuvimos una boda por parte de la familia de mi marido. En el cóctel su tía me preguntó si iba querer llevar al niño “colgado” y le respondí que sí, aunque no lo había probado me daba la impresión de que me iba a gustar más que llevarlo en el carrito. Me regaló un Mei-Tai. Sin saberlo había comenzado mi historia de amor con el porteo.

Como ya os conté en un post anterior (en éste) la reanimación tras la cesárea me tuvo separada de mi bebé durante 3 horas y no hicimos piel con piel ni nada semejante. Durante las semanas posteriores empecé a sentir que mi bebé requería muchísimo mi presencia y que no estaba a gusto en su moisés, que todo lo que quería era que mamá lo tuviera en sus brazos. Como casi todas yo también había escuchado aquel mantra de la maternidad “No lo cojas en brazos que se malacostumbra” y me debatía constantemente entre cogerle o no. Como si de un premio de consolación se tratara le mantenía entre mis brazos lo justito para calmarle, lo dejaba en el moisés y al ratito volvíamos a empezar. Mi instinto empezó a decirme que algo no iba bien, pero como yo era nueva en esto de la maternidad necesitaba que algún gurú (médico, pediatra, enfermera, matrona… alguien) refrendara mis pensamientos. Y no puedo quejarme, porque la pediatra de mi ratón lo hizo. Una mañana llegué a consulta y le comenté lo que nos pasaba. No olvidaré nunca sus palabras: “Cógele. Es un bebé, necesita seguridad y la única forma que tiene de sentir seguridad es que lo tengas en brazos. Hasta más o menos los 8 meses no saben hacer chantaje” y entonces vi el cielo abierto, pero tuve más suerte aún. Cortesía del seguro privado tuve una visita de matrona a domicilio.
Se trataba de una chica joven que había completado su formación en Inglaterra y con la que pasé algo más de dos horas en las que charlamos de lactancia, de colecho (esto me da para otro post) y de porteo. Le comenté que no sabía si estaba loca, pero que a mí me parecía que las 3 horas separadas de mi bebé habían dejado huella en él y que me necesitaba mucho por esa razón. Me dijo que estaba segura de así era. Me repitió lo que nuestra pediatra ya me había dicho, que lo cogiera en brazos, y me instó a que disfrutara de esos momentos juntos en vez de sentirme culpable.
Paralelamente a toda esta historia me había enganchado mucho a Twitter. Durante las tomas eternas de mi peque me dedicaba a leer mi TL y así descubrí a La Orquídea Dichosa , a Pilar Martínez o Elena por poner algún ejemplo. Leyendo y releyendo sus tuits y el de muchas otras (imposible nombraros a todas), entrando en sus blogs, comencé a leer sobre porteo. Y entonces llegó mi querida (por muchos motivos) Mamá (contra) corriente con su “porteo indoor” y salvó mi vida. Compré un Boba Wrap, un fular elástico, y no lo hice pensando en salir a pasear con él, sino en poder tender, así, como lo leeis. Tener un recién nacido en casa supone que las rutinas desaparezcan, pero si además es de alta demanda la cosa se complica. De esta forma, hubo paseos que comenzaron en la calle y terminaron en mi salón porque era meterle en el fular y quedarse frito.
Desde entonces he utilizado el fular, el Mei Tai, una bandolera de anillas y mi maravillosa Boba 3G Carrier. Con lo que menos me he apañado ha sido con la bandolera, no se me da bien cargar en un solo hombro, hacer bien el bolsillo para que el peque se sujete. La única que uso ahora es la Boba, con ella hasta papá se ha animado.
Papá y el porteo

¿Qué me ha aportado el porteo? Tranquilidad y brazos. Tener que cargar a mi bebé en brazos suponía no poder hacer nada y para mí dejarle llorar no era una opción. Usar el portabebés me ha liberado. Me ha dado también mucha cercanía con mi peque, nada mejor que sentirle pegadito a mí. Comodidad. Imaginad un día de lluvia en invierno con un carrito de bebé: plástico, una sola mano para manejarlo, el paraguas… Ahora imaginadlo con un portabebés: sólo necesito un paraguas. ¿Qué le ha aportado a él? Tranquilidad también, oler a mamá y sentir mi corazón obviamente le tranquiliza y se queda dormido a la menor oportunidad. Seguridad, siempre está atendido. Nos ha facilitado mucho la lactancia, no conozco una forma más cómoda de dar el pecho. Y mucha conexión entre nosotros. Sólo os digo que cuando mi peque con sus ocho meses me ve coger la Boba suelta una carcajada.

Respecto al portabebés, me informé mucho antes de decidirme por el fular. Mi pequeño era muy chiquitito y no quería usar nada que pudiera causarle el menor daño, sólo faltaba. Mi hermana me había prestado una mochila de Jané que no llegué a usar nunca, viendo la foto de la caja había algo que no me cuadraba, ahora sé por qué. Se trata de lo que se llama una “mochila colgona” en la que los bebés van colgados sobre sus genitales y no respeta su postura natural. Sólo hay que fijarse un poco para diferenciar una “colgona” de una mochila ergonómica:
– El bebé tiene que ir sentado sobre su culete, con las rodillas ligeramente elevadas por encima del mismo de forma que tengan forma de “M” o de ranita.
– Debe respetar la postura natural de “C” que tiene la espalda del bebé.
– El bebé debe ir pegadito al cuerpo del porteador a la altura del pecho del mismo, a un beso de distancia.
– Nunca debe ir mirando hacia afuera, perdería su referencia e iría en una postura antinatural, colgado sobre los genitales, sobreestimulado, etc.
– Para el porteador, debe repartir el peso entre espalda y cintura y debe poder ajustarse a él.

Por si me dejo algo os animo a visitar a las expertas Mochilas Portabebés , Elena o Brazos y Abrazos si hay algo en lo que creais que os puedo ayudar, sólo tenéis que silbar.

Pd.: Felizmente tras muchos días con él a medias este post coincide con la Semana Internacional de la Crianza en Brazos. Casualidades de esta vida nuestra

Viva el porteo del bueno
Viva el porteo del bueno

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