Zas en toda la boca

Hoy la vida me ha dado un zas en toda la boca sin contemplaciones. Llevo una semana raruna, en un vaivén emocional que tan pronto me tiene eufórica como arrastrada por el suelo. El desencadenante fue tener que dejar al peque en la guarde a las 12:45 h el jueves pasado después de una revisión médica y no poder quedarme con él ya que nos habían dado esas horas. Desde ese día voy arrastrando una sensación de “malamadre” (ya sé Carol que me dirás de nuevo que no lo soy, pero es lo que siento) que hoy ha vuelto a hacer de las suyas. El peque está con una cafetera en el pechete que me hace pensar en una bronquilitis cercana y vuelta a empezar con el “si pudiéramos quedarnos en casa…” Otra vez tristeza, otra vez seriedad, lágrimas, incomprensión y todo lo que acarrea la “no conciliación” en que vivimos.

Hoy he empezado a hablar con alguien que ha pasado hace poco por una ruptura un tanto tormentosa. Tiene una hijita de casi siete años que no ve a su padre desde hace varios meses porque a la vez que dejó a la madre, dejó a la niña. Hablando con ella, del proceso en el que se va a divorciar, me decía que no quiere dinero de su ex, que sólo quiere que vea a su niña porque está muy triste sin su padre. Habla de su pequeña con tal ternura y devoción. Es bondad en estado puro, os lo prometo. Yo le decía que no se agobiara porque su ex le pasara una pensión para la niña, que era lo que tenía que hacer, que era su padre, que, desgraciadamente (o no, quién sabe) conozco el tema de primera mano y yo no hubiera podido ir a la Universidad sin becas porque mi padre nos nos pasaba ni un duro, etc, etc. Me dice, con toda su inmensidad como persona por bandera, que no le importaría trabajar los fines de semana porque sólo gana 800 euros y que con eso no le llega para pagar todo lo que tiene que pagar, que el único inconveniente es que no la vería. Y entonces me cuenta que Cáritas le ayuda a pagarse el transporte porque ella no lo puede asumir. Que se ha puesto las pilas y ha tocado todas las puertas que ha podido para tirar para adelante.

Entonces he notado el “zas”. Así de directo y así de duro. Aquí, agobiada por no poder ver a mi niño (que es para agobiarse, desde luego) cuando en mi entorno muy cercano alguien necesita de otros que le ayuden para poder sacar adelante a la suya, preocupada por un millón de cosas accesorias como el inglés y la natación. Si Cáritas no la ayudara, no podría ir a trabajar. No podría ir a trabajar.Es tan injusto. No quiero ni pensar en qué pasaría si perdiera el trabajo. O si se pusiera enferma. Y entonces me dice que lo bueno es que está dejando de furmar… porque no puede pagarse el tabaco, hasta el lado positivo le ha encontrado.

Desde que hemos hablado estoy dándole vueltas a cómo podría ayudarla. A mí no me sobra pero puedo vivir. No entiendo que lleva a un padre a abandonar a una hija. Ni a dos. El amor puede acabarse, pero los niños no tienen la culpa y que una ruptura conlleve tal situación de desamparo hace que me lleven los demonios. Olé las narices de las madres (y de los padres, que también los habrá) que tiran para adelante en las circunstancias más adversas. Y al final el sentimiento es el mismo, pero las circunstancias no podrían ser más diferentes.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

No hay comentarios “Zas en toda la boca”

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies