mi diccionario maternal

La maternidad de la A a la Z: con M de Mamífero

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Desde el mismo momento en que confirmé que estaba embarazada se agudizó el instinto animal del que tantas veces hablo, como si fuera una leona porque, por si no os lo he contado yo soy Leo y, aunque no crea mucho en el Zodiaco, es el animal con el que más me identifico.

Hasta la semana 28 en que empecé las clases de preparación al parto viví en cierta nube. No sé cómo explicarlo, estaba embarazada, pero no era consciente de que lo estaba. No con toda la rotundidad que ese estado conlleva (esto me da para otro post, lo de la E de Estrés que os conté aquí deberia haber empezado a contarse desde antes del parto, aunque ya encontraré excusa para haceros partícipes de mi experiencia). Hasta ese momento sí, estaba embarazada, sentía a mi bebé, pero no me había parado a pensar ni un segundo cuánto iba a cambiar mi vida. Y entonces llegaron las clases de preparación al parto.

Una de las clases con la matrona versó sobre la lactancia. De todas las mamás que estuvimos allí (creo que éramos unas 6 o 7) sólo una dijo que ella no pensaba dar el pecho, que daría dar biberón. Con convicción. Las demás comentaron que lo intentarían. Aquél día pensé que quizá yo era rara.

Yo soy un MAMÍFERO. De lo poco que recuerdo de aquello de los reinos y los órdenes que estudié en el colegio eso lo tengo clarísimo. Y los mamíferos nos distinguimos porque mamamos. Aún sin haber entrado en el mundo Twitter que tanto me ayudó después, aún sin haber leído a Carlos González  ni ningún otro gurú de la lactancia materna, a mí no se me pasó por la cabeza otra forma de alimentación para mi bebé.

Soy un mamífero
Soy un mamífero

Cuando leí y me informé, lo leído corroboró mi pensamiento. La leche materna, y ahí dan la razón varios organismos de reconocido prestigio, es la mejor opción para los bebés humanos. La mejor opción, que no siempre la más fácil. Aprendí algo sobre fisiología de la mama, sobre galactóforos, mastitis, perlas de leche, y cuando algunos de los problemas llegaron no me pillaron desprevenida.

Me alegro muchísimo de haber tomado esa decisión y de haber conseguido superar los obstáculos que la lactancia nos fue poniendo. Establezco una conexión brutal con mi yo animal cuando amamanto, pero también con mi bebé. No sólo se trata del alimento, sino también del calor, de la sensación de hogar que ambos tenemos cuando estamos así. La capacidad que me ha dado la naturaleza para calmarle es alucinante. Soy un mamífero y tengo mamas para amamantar. En mi maternidad la opción fue clara, quizá porque nunca tuve en mente otra. Si tuviera otro hijo, estoy segura, la volvería a elegir.

 

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