mi diccionario maternal

La maternidad de la A a la Z: con C de Colelitiasis

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Con la maternidad he ido añadiendo palabras nuevas a mi vocabulario, de algunas comprendí el significado por deducción (¿qué iba a ser el colecho sino dormir con el bebé?) y otras han tenido que explicármelas los médicos.

No sabes lo que puede doler algo ajeno hasta que te conviertes en madre. Lo que haya podido dolerte tu pareja, un amigo, hasta tu propia madre, se queda en nada cuando una pequeña personita llega a tu vida con esa total dependencia de ti. En la revisión del niño sano de los seis meses tuvimos el primer susto importante: al Ojazos le palparon el hígado y el bazo agrandados y le prescribieron un análisis de sangre y una ecografía. Con el primero descartamos algo grave (“como una leucemia”, me dijo la pediatra suplente sin despeinarse y yo me quedé pasmada) y con la segunda encontramos un inesperado resultado: Colelitiasis. La colelitiasis son piedras en la vesícula.

Os habéis quedado ojiplaticos, lo sé sin veros la cara porque así también me quedé yo. Cuando cuentas que tu hijo tiene piedras en la vesícula lo primero que dice todo el mundo es “¿tan pequeño?” Los médicos con los que me he encontrado me han dicho que es más común de lo que pensamos, que en hospitales grandes en los que ven muchos niños como La Paz en Madrid no es tan infrecuente, pero, claro, para saberlo hay que hacer una ecografía que es una prueba muy específica y que sólo se prescribe si se sospecha “de algo”.

La colelitiasis de mi hijo es asintomática. Si no hubiera tenido el hígado y el brazo agrandados como consecuencia de un proceso vírico común (en aquel momento estaba finalizando un catarro) no lo hubiéramos sabido. No le molesta y, de momento, no reviste mayor importancia. De continuar así, asintomática, su cuerpo podría reabsorber las piedras o, incluso, podría convivir con ella el resto de su vida sin que ocurriera nada. Le controlan en digestivo con revisiones rutinarias cada seis meses. El único momento en el que me permito pensar que ha podido empeorar es el día anterior a esa visita al hospital, sólo durante un segundo, nada más. Porque no sabes cuánto duele algo ajeno hasta que te duele un hijo y sólo la perspectiva ya es insoportable.

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