Y no me acostumbro

Que no me acostumbro, que no, a dejarte llorando en la guarde mientras me echas los brazos. Esos ojos tan grandes se alargan, se hacen muy pequeños, y se desbordan en lágrimas desesperadas, abriendo y cerrando las manos, partiéndome el alma.

No me vale que enseguida se te pase, que sé que al poco de cerrar la puerta estarás jugando, que te habrás olvidado de que hoy te llevó mamá, no me vale. No tolero ni un segundo de esa angustia dibujada en tu rostro, no aguanto tu sufrimiento por parcial que sea, por poco que dure. No hay consuelo. Para ninguno.

Yo me voy a la oficina buscando una excusa para permitirme sentir como siento, porque hoy es pronto y no sería “lícito” quedarme contigo en casa. Y pienso en secreto que prefiero mil veces que te lleve papá a que sintamos este  dolor cada mañana. Y los días de médico, de revisión normal, que podrían ser una alegría, se han convertido en un arma de doble filo porque es verdad que estamos más tiempo juntos, pero nos cuesta más despegarnos. Y me convenzo cada vez de que la “angustia por separación” no es algo que sólo tú padezcas, que tu mamá llora por dentro para hacerse la fuerte y que tú no sufras más.

Que no, que no me acostumbro.

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