mi diccionario maternal

La maternidad de la A a la Z: con N de Nosotros

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Nosotros éramos dos. Nos conocimos en mi peor momento y me caíste bien porque me hacías reír. Lo nuestro no fue un flechazo, fue una historia muy paulatina, con mucha calma, como si ambos quisiéramos guardarnos de estropearlo intuyendo un futuro juntos. Como el tiempo  nunca era bastante cuando lo compartíamos, sacábamos horas alargando los días, penitencia pagada a la mañana siguiente con mucho sueño y pocas ganas de trabajar. Los teléfonos echaban humo si estábamos separados, ardiendo en llamadas eternas y mensajes que gritaban palabras de amor. En nuestro afán de seguir siendo dos cada uno cedió una parte, de tal forma que comenzaron a gustarme tus spaghetti picante y empezaste a soportar mis ñoñas pelis de amor. Algunos días nos olvidábamos de comer, borrachos de amor y sexo, caricias, abrazos, besos, largas miradas a los ojos. No era perfecto, ni mucho menos, pero era nuestro nosotros. Éramos el centro de nuestro egoísta universo, olvidando a veces todo lo que estaba alrededor.

Nosotros éramos dos y desde esa dualidad decidimos un día convertirnos en tres. Recuerdo tu seguridad al ver la rayita rosa en la prueba de embarazo “Ya lo sabía” dijiste. Sentí el vértigo, el de la responsabilidad y el del cambio, el de encajar al nuevo en nuestro puzzle, en ese que siempre dices que yo completo, el de encajarte a ti en mi complejidad maternal.

Y llegó él y el nosotros cambió de una forma que nunca habríamos imaginado. No es que fuéramos tres, es que fuimos dos y tú, de pronto el que no encajaba era papá en medio de todas la novedades. No nos comprendíamos, una vez más esto no era como me lo habían contado. Mi bebé y yo perfecto binomio, pero ni tú sabías como tratarme ni yo sabía hacerme entender. El nosotros de diluía y yo sólo quería llorar por lo que entendía que estaba perdiendo. Fueron meses difíciles. Como con casi todo lo que he vivido desde que soy madre, cuando me decidí a compartirlo descubrí que no era la única a la que le pasaba, aunque a priori me pareciera así. Empecé a pensar que quizá fuera cuestión de tiempo, que hay una dimensión del puerperio que obviamos y que no es meramente física ni psicológica de la madre con el bebé, sino que afecta a la relación parental. Y cuando terminó el puerperio, el mental, nos volvimos a encontrar.

Ahora estamos redescubriendo el nosotros. El de los tres y el de los dos, haciendo encaje de bolillos para que cada uno encuentre su lugar en esta pequeña familia que hemos fundado. Un nosotros ampliado, el de los tres, que busca el de los dos al final del día, cuando Ojazos descansa y tú y yo nos tomamos de la mano.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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