Soy humana

Estos días he descubierto que mi hijo me agobia aunque, como sabéis quienes me leeis, siempre me parece poco el tiempo que estamos juntos. Normalmente llego a casa y ya está bañado, pero compartimos la cena y un ratito de juego. En los últimos tiempos parecía que él solo, porque nosotros somos bastante anárquicos en este sentido, estaba estableciendo unas rutinas en su vida, caía dormido sobre las 21:30 o 22 y despertaba, o no y papá le traía a la cama para que mamara un poco antes de irse a la guarde, sobre las 06:00… Por fin estábamos durmiendo en casa.

Pero en esta última semana me he descubierto repitiendo demasiado eso de “Ojazos, es hora de dormirse, ¿no?”. Hemos rozado las 23 h casi cada día. Otra vez. Además, se ha juntado con que el peque está excesivamente demandante, pidiendo brazos, llorando con solo posar sus pies sobre el suelo si lo tenía cargado o con hacer ademán de abandonar la habitación, y eso lo hace más difícil todo. Sobre todo, porque esta semana mamá está mala.

Desde que Ojazos pilló la última tanda de virus, con su correspondiente dosis de amoxicilina al canto, yo andaba con dolor de garganta. Eso fue a primeros de mes. Lo que de haber ido al médico antes se hubiera quedado en anécdota ha derivado en una otitis muy dolorosa. Despertar y sentir ganas de arrancarse los conductos auditivos no es la mejor experiencia del mundo ni ayuda a tener sensación de sueño reparador, por más que hubiera dormido. Llegar a la oficina deseando regresar a casa, que ese momento llegue más de doce horas después y tener un pequeñajo pegado a ti como una lapa según atraviesas al umbral de la puerta no es una situación fácil de manejar y así han sido los dos días que llevamos de semana. Él, sonriente y zascandil como siempre, sale a mi encuentro sonriendo y diciendo “Te-ta”. Yo, por mi parte, solo quiero meterme en la cama a dormir y tomarme las drogas que me ha recetado el médico. ¿Cómo no le iba a decir que se durmiera, si yo estaba agotada? Y aún así le he hecho cosquillas y he intentado disfrutar de él… pero el pensamiento era recurrente.

Así las cosas, conocida mi vertiente melodramática, lo primero ha sido sentirme culpable. “Pobre Ojazos, no me ve en todo el día y yo deseando que se duerma, no tengo perdón ni nombre, vaya madre estoy hecha”. Pero después, por suerte, paré y respiré. No soy una madre horrible, aunque un poco malamadre sí y de eso tengo pendiente un post, solo soy una madre superada por las circunstancias. La falta de descanso mezclada con la enfermedad vuelve a cualquiera del revés. Vendrán días mejores, seguro. Y mientras tanto, solo puedo decir que SOY HUMANA.

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