Emoción (Otra crónica más del 24M)

Sabía que iba a ser un día de emoción. Lo sabía desde que, un par de meses atrás, salieron las entradas a la venta. Mi Contigo al fin del mundo particular Natalia me escribió y me vino a decir “Ey, compra esa entrada ya” y yo, como hago siempre, empecé a ponerme todas las excusas del mundo: que si el niño, que si el marido, que si la teta… Hasta que leí “Hotel Emperador” y me dije “Ahí se casaron Alaska y Mario, ahí tengo que ir yo”. Mi lado friki había hecho su aparición estelar y no tuve más remedio que comprar la entrada.

Según se acercaba el día e iba leyendo tuits me iba poniendo más y más nerviosa: outfits, manicuras, tratamientos… ¡y yo con estos pelos… qué desde que soy madre no me da tiempo a nada!… “Va a haber nivelón” me decía yo “No voy a pegar nada”, me recriminaba. Cuánto me equivocaba. En realidad, por mucha banalidad que queramos ponerle al asunto, nada de eso era importante (aunque en algún momento lo pareciera, que al fin y al cabo se trataba de una fiesta y nadie va a una fiesta con un pantalón raído) y me di cuenta un poco más tarde.

Poco, sólo un poco más tarde, en cuanto que un chat de whatsapp empezó a hablar de que gente de fuera también venía a la fiesta. Ya no íbamos sólo Natalia y yo. Trimadre a los 30 también venía y, de su mano, varias de las mujeres a las que había leído (mucho) en los últimos días: las AZeteras. Emoción infinita sólo de pensarlo. Mujeres cuyos sentimientos y preocupaciones conocía bien a pesar de no haberlas visto nunca, a pesar de que, con alguna, ni siquiera había cruzado un tuit en la vida. Ya no sólo era la fiesta de Malasmadres también era la fiesta del AZ. Y eso, para mí, es mucho (aunque llegué de las últimas).

El 24M empezó temprano rodando una maleta con un bebé debajo del brazo rumbo a la presentación de los libros de Pilar de Todomundopeques y Laura de Pekefriendly con Natalia y sus princesas. La emoción que no iba a volver a controlarse en todo el día se desbordó esa misma mañana. Nada más abrir la puerta me encontré con la sabia mirada de Trimadre a los 30 que me decía sin palabras “Te reconozco” y que me abrazó como amigas pasadas que hace mucho que no se ven aunque hablen a diario. No sabes lo importante que es poner piel hasta que la pones. Con ella María José , Almudena y Noelia. Despedirse hasta la noche fue algo mágico, como la misma noche fue.

 

Mis vistas desde El Emperador
Mis vistas desde El Emperador

El Emperador fue testigo mudo de una noche inolvidable. Poner piel en la puerta a Nuria fue sólo el principio. Es imposible relatar todos los buenos momentos que viví. Anecdótico conocer a Papá Lobo en la cola de la acreditación mediante un tuit (no os descubriré por qué le conocí, shhh, es su secreto). Increíble que las increíbles Paula (alias la Musa, aunque para mí siempre será Bragazas) y Ana (para mí La Otra Trimadre) me llamaran por mi nombre en esa misma cola. Pasada de risas y buen rollo los que compartí con Merak Luna, Diana y Noni. Descubrimientos inesperados Luci  y Ruth de Rioja (cómo me gustó charlar con vosotras). Risas aseguradas con Alejandra. Que alguien a quien admiras conozca tu nombre es una pasada, así que cuando la artistaza de Su gritó “Letiii” según me vio, aluciné. También pude compartir un ratito con Lydia y Ángela , emocionantísimo hablar con quien siempre tienen un minuto para comentarme o darle un “me gusta” a mis post, y con Nuria y Mónica la Desmadrosa para descubrir que sus cabellos no son como nos los venden. Tiempo me faltó con Bego que tanto en común tiene conmigo, y con Olgaaunque estoy segura de que encontraremos otra ocasión.

¿Puede parecerse más a su avatar?
¿Puede parecerse más a su avatar?
Endorfinada y servidora
Endorfinada y servidora

 

Ni un GT habíamos probado aún
Ni un GT habíamos probado aún

Más allá del éxito de la fiesta, con 250 entradas vendidas en tiempo record,  más allá de los patrocinadores (y del tatutador, ya sabéis), más allá de la coreo del “A quién le importa” que Alaska no se dignó a venir a ver, más allá de todo eso, el 24M significó para mí la ilusión de descubrirnos quitando las pantallas que normalmente tenemos por medio. Me encontré con madres que piensan como yo, pero también con otras que no, olvidándonos de esas guerras que nos inventan (y a las que a veces entramos) en las RRSS. Encontramos la excusa para juntarnos y disfrutar de una noche sin niños y sin marido (las que lo tenemos) sin recriminarnos por ello, pero volviendo como locas a abrazarlos a la mañana siguiente (en mi caso la mañana fueron las 3.30 h de la madrugada, olé mi Ojazos que se despertó según abrí la puerta). ¿Hay algo mejor que una noche de fiesta con amigas? Pues nosotras lo hicimos a lo grande.

Muchas de ellas forman ya parte de mi día a día, nuestra distancia minimizada en grupo de whatsapp, nuestra energía reconvertida a golpe de tecla. Ojalá las tuviera más cerca porque son gente que merece mucho la pena y que siempre, siempre, suma. Aprendo cada día de todas ellas y me sacan una sonrisa cada mañana con sus locuras (y sus impagables notas de voz). La emoción traspasó el 24M, tanto que llega hasta hoy. A veces es sano plantearse locuras. Que se lo digan a Laura cuando fundó el Club.

Cerrando la terraza
Cerrando la terraza

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

26 ideas sobre “Emoción (Otra crónica más del 24M)”

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies