La maternidad de la A a la Z: con J de Juzgar

Convertirse en madre es ponerse en el centro del ojo el huracán. De pronto, y en uno de los momentos más delicados del ciclo vital de la mujer, cada persona que se acerca tiene una opinión muy clara sobre cómo deberías hacer las cosas, opinión que, en algunas ocasiones, está muy alejada de la tuya, bien es sabido que cada uno educa perfectamente… al hijo de los demás. Además, si no estás provista de una seguridad en ti misma abrumadora o has tenido un trabajo de empoderamiento importante esas hormonas saltarinas, que aunque intentes pasar de ellas dominan tu vida, pueden conseguir que te culpabilices por cada una de tus decisiones por más convencida que estuvieras cuando las tomaste. Juzgada me vi, y me veo por mi decisión de seguir dando el pecho a mi hijo 17 meses después, por mi madre por poner un ejemplo de mi, digamos, “lado” y fue un juicio doloroso porque quizá lo que yo necesitaba en esos momentos era un acompañamiento más silente y menos invasivo.

Pero la vertiente que más preocupante me parece en todo esto, más allá de que mi opción de crianza cuadre o no a mi entorno, es que yo también me encontré juzgando al poco de parir, a la que no colechaba, a la que no porteaba o a la que no lactaba. Me vi juzgando a cada madre o familia que lo hacía diferente a como lo hago yo, como si yo estuviera en posesión de la verdad, como si yo supiera más que ellas cuando sólo llevaba 6 meses en esto tan difícil de la maternidad. En mi cruzada por defender mi punto de vista me puse a hacer lo que tanto me molestaba sin casi darme cuenta de lo que estaba haciendo.

Tiempo me llevó darme cuenta de que es más valioso un biberón con cariño que una teta desganada (quien dice desganada dice dolorida o molesta, poned el adjetivo que queráis), de que no puedo juzgar a los demás desde mis zapatos, entre otras cosas porque eso es tener una visión muy limitada de la realidad, es centrarme en mí y ya os conté que yo ya no soy el centro de mi universo. Por otro lado, las mujeres, que como dice mi amiga Nuria somos capaces de hacer una tribu especialísima con la maternidad como hilo conductor, podemos ser los más duros árbitros… con nosotras mismas. Y es ahí donde digo basta y me paro y pienso y si es necesario grito en alto. No seré yo quien comulgue con ideas que no comparto, pero no me pidáis que lapide a nadie porque ahí no estará mi mano.

 

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