La maternidad de la A a la Z: con Ñ de Ñapa

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Lo mío es escribir, no se me dan muy bien las manualidades, no soy especialmente manitas. De vez en cuando un proyecto anida en mi cabeza y en ella sigo todos los pasos como en un documental hasta que se materializa y lo termino con un acabado perfecto… pero no es así en la realidad. Normalmente me canso antes. Veo trabas, problemas, y, en alguno de los pasos el resultado no es el esperado y me desanimo y abandono. Así es.

La falta de perseverancia es una constante en mi vida, siempre creo que no seré capaz y  mi cabeza pone más trabas de las que en realidad tengo. No todo es tan difícil, no son necesarios tantos conocimientos como yo quiero creer, pero los miedos y obstáculos anidan en mi cabeza, haciéndome flaquear y abandonar los proyectos. Así, tengo a medias otro blog, una historia corta y una idea de novela tan, tan conocida para mí que debería darme vergüenza no ponerla negro sobre blanco, pero la cuesta se convirte en pared y la pared cada vez se pone más vertical y yo no sé escalar, así que prefiero quedarme en tierra.

Desde que me quedé embarazada vivo en esa especie de arrebato creador que he observado en muchas mujeres de mano de la maternidad, en ese arrebato he parido este blog entre otras cosas, aunque las primeras ñapas que me propuse en mi vida llegaron antes que el peque, fruto de la emoción de tener un piso nuevo. Con algo de esfuerzo e ilusión, y a pesar de que intenté boicotearme en un par de ocasiones, transformé una lámpara y un espejo dorados utilizando la pintura que había sobrado de las paredes. Todo ultracoordinado.

Dulces sueños
Dulces sueños
Espejito, espejito
Espejito, espejito

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después llegó el embarazo y el síndrome del nido, malditas hormonas, con mi afán por tener la habitación lista para la llegada de Ojazos. Si volviera a vivirlo no le haría caso, pero soy primeriza y necesitaba tener la cuna, el cambiador y la pintura lista para su llegada. Es en este momento cuando tengo que señalar que mi marido no es nada manitas y no tiene ninguna gana de serlo. Él opina que si hay profesionales que saben hacer las cosas no tenemos que hacerlo nosotros que no tenemos ni idea, en cambio, yo pienso que como no tenemos un duro para contratar a nadie si quiero cambiar algo tengo que hacerlo yo. Así que cuando empecé a decir que quería pintar y EMPAPELAR la habitación para la llegada del peque, me dejó fantasear, yo creo que pensó que me arrepentería y que esa falta de empuje a medio camino me pararía otra vez. Cuando nos vimos en Bricor comprando pintura, papel y cenefa, debió quedarle claro que nada iba a pararme, pero no desistió, se lo llevó todo a casa y esperó a que yo cambiara de idea. Pero esta vez el síndrome del nido pudo más que la pared y un buen día, con mi barriga de 8 meses me subí a la escalera a emprender mi ñapa. Él repetía que no me iba a ayudar porque no era ni pintor ni empapelador, pero por mi integridad física y, creo que sobretodo, por la de su futuro hijo, estuvo pendiente de que no me matara retrepada en la escalera.

Bebé pirata
Bebé pirata

No diré que fue fácil, aunque no fue tan díficil como imaginaba que sería, por eso escribí EMPAPELAR en mayúsculas, era lo que más me imponía. Casar el papel fue de lo más complicado, además, aunque fue la dependiente quién calculó la cantidad que necesitaríamos, al final estuvimos cortos y tuve que hacer una ñapa, ñapa que no confesaré porque si alguna vez venís a casa no quiero que la descubráis. No sé si quedó muy profesional o no, pero lo cierto es que le puse mucho cariño y si hay algo de lo que podrá presumir Ojazos siempre es de que su mamá decoró su habitación con mucho amor.

… Y llegado el final, confieso que lo que más ñapa quedó fue la pintura… pero he aprendido para la próxima…

… Y que ya tenía la siguiente ñapa preparada, lijar y pintar un mueble que nos trajimos de casa de la abuela de mi marido, pero que él ya me ha convencido de que hay una consola Hemnes que nos cuadra fenomenal y nos ahorramos el trabajo. Bendito Ikea…

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