mi diccionario maternal

La maternidad de la A a la Z: Con R de Recuerdos y Risas

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Tengo un recuerdo nítido de pocas cosas de mi infancia y creo que he olvidado algunas de las importantes según me he ido haciendo mayor. Hace no mucho he leído que una de las primeras cosas que se olvidan es la voz de las personas y yo daría todo lo que tengo por recordar la de mi abuelo y oírle una vez más aunque sólo pudiera hacerlo dentro de mi cabeza… me encantaría que su voz me siguiera acompañando ya que él no puede hacerlo más. Recuerdo también, perfectamente, el día en que mi hermana le espetó a un desconocido “Es mi hermana… y me pega si quiere” anécdota que ella contó en mi boda y que le granjeó varios admiradores entre mis invitados. Y recuerdo las tardes de sábado viendo el Equipo A y merendando chocolate con churros o jugando a los masajes o las cosquillas con mamá mientras los yayos iban a ver a los bisos.

Es curioso como no todos los recuerdos tan vividos son bonitos o amables y aún ahora, a puntito de cumplir los 36, no consigo despegarme de la sensación de desconsuelo y de incomprensión que me produjo cada “bofetada a tiempo” recibida en mi infancia. Nunca me pegaron palizas, sólo me aplicaron los métodos habituales y sé que, tanto mi madre como mi abuela con quien vivíamos, hicieron lo que creían que tenían que hacer, pero esas imposiciones han dejado una huella tan indeleble en mí que me produce malestar recordarlas.

Desconozco qué tipo de mecanismos de la mente humana hace la selección de recuerdos que nos dejarán marcados para siempre. He sido una niña-adolescente-mujer joven muy dramática y ha habido muchas situaciones en las que he sentido mucho dolor, dolor que me gustaría evitarle a mi hijo en la medida de lo posible. Es por eso que yo no alecciono a mi hijo, no le pego azotes, no le doy en la mano si pone la mano donde no debería y, por supuesto, no le toco la cara.  No quiero dejarle una marca indeleble en el alma, no de ese tipo, sólo quiero que tenga las herramientas adecuadas para manejarse en la vida, que sea gente de bien porque ser buena persona es lo realmente importante, que los títulos y las carreras se quedan en nada cuando eres mala gente.

Hasta el momento se puede decir que mi hijo es un bebé feliz. Siempre está haciendo gansadas para que nos riamos, pero, lo bueno de verdad, es disfrutar de su risa. Ahora que lo pienso, su risa es muy parecida a la mía, también se le arruga la nariz hacia arriba y esos ojos tan grandes se alargan transformados en una mueca pilla mientras enseña todos sus dientecillos de ratón. En cuanto le oigo no puedo parar de reír yo también y apuro las cosquillas por todo su pequeño cuerpo y si paro él pide “Má”. Esa risa es la esencia de la pura vida, de la felicidad más absoluta y espero que sea uno de esos recuerdos que se quede conmigo para siempre.

 

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blog iniciado por Trimadre a los 30 que consiste en que cada participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.”

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