Días jodidos

Hay días jodidos en los que te cuesta levantarte, te cuesta empezar, te cuesta arrancar, te duelen, te pesa el alma. Intentas apartar la nube de tu cabeza y, cada vez que parece que lo has conseguido, vuelve a aparecer, asomando tímidamente al principio para instalarse de sopetón después.

Hay días soleados que se vuelven grises. Notas el calor sobre la piel, pero no te llega a calar en los huesos. Te falta un abrazo, un apoyo, una motivación, recuerdas cada imagen optimista, la que cuentan que la vida se ve según las gafas que te pongas y piensas que has debido de ponerte las más oscuras y que las transparentes las perdiste.

Todo es externo y seguro que nada es realmente importante, pero no consigues despegarte la incomodidad del cuerpo. Tratas de sonreír pero, cuando contestas a la gente, en realidad no hablas, sino que gruñes. No lo haces de forma consciente, pero es que no te apetece ser amable, no te sientes amable. Es sencillo.

Piensas en toda esa gente que lo está pasando mal de verdad. La que se tiene que enfrentar a la pérdida, la que no tiene para comer, a la que la vida le pone trabas serias. Sí, estás mejor, lo tuyo no es ni tan serio ni tan grave, tienes que sacudírtelo, pero se te hace cuesta arriba. Sabes que dentro de poco se te habrá pasado y continuarás en ese estado de semiinconsciencia en el que te sumes para no pensar y la angustia se quedará en el recuerdo de una mala semana más. Te conformas pensando eso y cierras el navegador.

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