La decisión de tener hijos

¿Quién lleva la voz cantante en la decisión de tener hijos? ¿Es siempre un consenso? ¿Puede llegar a separar a una pareja?

En nuestro caso, tener un hijo fue una decisión consensuada, se trataba de algo que ambos teníamos claro. De hecho, es algo que hablamos en el inicio de nuestra relación, cuando aún no éramos ni siquiera pareja. Para mí era muy importante que la persona que estuviera a mi lado pensara tener hijos en un futuro porque yo estaba segura de que quería tenerlos, venía en el pack y no era negociable ni se podía pensar más tarde. Si mi marido me hubiera dicho en aquel entonces que no quería ser padre o que no lo tenía claro no hubiera llegado a ser mi novio porque la maternidad era algo que yo sí quería vivir.

Pero no todas las mujeres lo tienen tan claro como lo tenía yo, ni en uno ni en otro sentido. Es posible que ellas mismas no sepan si querrán tener hijos o que piensen que la decisión de sus parejas se puede modificar con el paso del tiempo juntos. Mi experiencia (ojo, la mía, me baso solo en lo vivido en mi entorno) me dice que hay cosas con las que es mejor no experimentar porque la paternidad es una elección de vida, no lo olvidemos, una experiencia que conlleva muchos sacrificios y renuncias, que puede sacar lo peor y lo mejor de nosotros con sólo unos segundos de diferencia y que puede alejar a la pareja por cuestiones de crianza. Un hijo puede ser motivo de grandes fricciones, sobre todo en esos largos días sin dormir, cuando cada pequeño roce se hace enorme distorsionado por el cansancio.

Hablar de paternidad, de crianza, se ha convertido en un habitual de mi rutina. Hace un par de días coincidía con un compañero en el autobús y hablábamos de nuevo de lo duro que se hace nuestro horario, llegando tan tarde a casa porque ambos vivimos muy lejos del lugar donde trabajamos. Me contaba que sufre cuando no llega a dar el beso de buenas noches, que siempre va buscando no perder el autobús o el tren y me vi reflejada en lo que contaba. ¡Cuánto le entendí! ¡Cómo le entendí!

A raíz de esta conversación me puse a reflexionar sobre los tipos de hombre que tengo en mi vida, amigos o conocidos, y cuál es su relación con la paternidad o crianza. Cada vez hay más hombres y mujeres corresponsables, que han dejado de pensar que la crianza de los hijos es meramente una cuestión femenina para ser una cuestión familiar, como debe ser. Pero observo también comportamientos que me dejan perpleja: mujeres que no contaron con sus maridos a la hora de decidir traer un hijo al mundo y que los forzaron entre “chantajes” y súplicas convirtiendo la paternidad en una obligación más que en un placer (cansado, pero placer), obligación que en unos casos deciden tomar con gusto y que, en otros, se convierte en motivo de fuertes disputas por la poca implicación del padre que no quería serlo; hombres que no quieren tener hijos, que lo tienen tan claro que no se dejan convencer y acaban huyendo de la relación porque ser padre conlleva un peaje que hay quien no quiere pagar; y por último, están los padres ausentes, los que desaparecen para no volver jamás, como el mío.

¿Hay que consensuar, pues? Siempre. Cuando se está en pareja esto es cosa de dos y entre dos es más fácil sobrellevar problemas y disfrutar alegrías.

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