Por qué no voy a hacer destete nocturno

Hace unas semana leía esta entrada de Desvaríos de una madre en la que contaba su experiencia con el destete nocturno de su hijo. Mi historia con Maricarmen, la mamá que está detrás del blog, es muy curiosa, ya que coincidimos en algunas clases de preparación al parto, nos reencontramos en las redes sociales para, finalmente, volver a vernos en la fiesta de Malasmadres, ese gran evento desvirtualizador en el que pudimos charlar un ratito de nuestras experiencias en cuanto a embarazo, parto y establecimiento de lactancia. Y es que, si no recuerdo mal, nuestros peques se llevan solo dos días por lo que nuestras etapas son parecidas. Cuando leí la entrada de Maricarmen pensé dos cosas. La primera que iba a escribir contando por qué yo no voy a hacer destete nocturno; la segunda, que soy afortunada por las noches que nos da Ojazos

.Lactancia

Ya os conté mis miedos en cuanto al fin de la lactancia cuando abandoné el sacaleches, miedos que se fueron pronto porque Ojazos es un bebé enamorado de su teta y hay días que en vez de gritar MAMÁ cuando me llama, lo que hace es clamar a gritos por la susodicha teta. Desde que no me extraigo leche en el trabajo mi calidad de vida ha mejorado, he disminuido un poco mi estrés y he dejado de cargar con mil complementos como si fuera un árbol de Navidad, lo que ha conseguido también que salga de casa más tranquila sin miedo a olvidar nada. Mi peque con sus veintidós meses mama, por tanto, un par de veces al día: antes de marcharse a la guarde, sobre las 7 h. y cuando regreso, cerca de las 20:30 h. No puedo hablar de tomas, con Ojazos nunca he podido, porque desde siempre cuando estamos juntos mama casi todo el tiempo, aunque lo que sí he observado es que cuando está aburrido o se frustra pide más teta que cuando está entretenido con algo.

Ojazos se duerme al pecho todos los días y sólo muy puntualmente se queda dormido por sí mismo. Cuando despierta de noche mama también. ¿Por qué no voy a hacer destete nocturno entonces? Pues porque hacerlo supondría casi con total seguridad el fin de nuestra lactancia y creo que ninguno de los dos estamos preparados para ello aún. También valoro muy mucho que mi hijo prácticamente ya no se despierta en medio de la noche y en las últimas semanas casi todas las hemos hecho del tirón. Nos acostamos tarde y nos levantamos bien prontito, eso sí, pero sin trasiego. Por tanto, las noches ya no son para mí una tortura de pasar de un pecho a otro, peleándonos, dando tirones y pegando patadas a papá. Alguna de esas tenemos, pero ya son extraordinarias. Las pocas malas noches me compensan mientras consigamos mantener una lactancia mágica que sé que nos beneficia muchísimo.

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