Pido respeto

Yo tengo un hijo, solo uno. Es un bebé guapo, de grandes ojos azules y risa contagiosa. Es, además, un bebé simpático que se lleva a la gente de calle. Está sano. Lo quiero tanto tantísimo que, aunque me gustaría tener otro hijo, tengo pánico a no quererle igual. Tengo un hijo porque quise tenerle, no porque tocara o porque se me pasara el arroz, sino porque su padre y yo acordamos, en lo que creo que es el acto de amor y generosidad más grande, juntarnos para traerle al mundo.

Desde el mismo momento en que la prueba de embarazo dio positiva tomé la decisión de ajustar mi vida a las necesidades de la lentejita que comenzaba a crecer dentro de mí. Por tanto, desde ese día nos hemos separado en contadas ocasiones por cuestiones de ocio. Entiendo que es sano que mi pareja y yo sigamos teniendo nuestros momentos, pero, siempre que es posible, se ven enriquecidos con su presencia. Él es un bebé sociable que conoce y reconoce a nuestros amigos, quienes, a su vez, lo quieren como si fuera un sobrino y nosotros somos unos papás felices y orgullosos que no dejamos de tener vida social (aunque, obviamente no sea la misma de antes).

Respeta mis tiempos
Respeta mis tiempos

Esta mañana hemos llevado a la guarde un globo en cartulina con nuestra frase para el Día del Niño. Anoche, mientras la escribía, reflexionaba sobre lo poco que respetamos la infancia. Así que como persona, sobre todo, pero también como madre hoy quiero pedir respeto para los niños que lo serán por pocos años, que serán bebés aún menos tiempo y que no pidieron venir. Respeto para sus trastadas y ocurrencias, para sus rabietas, para sus ratos de locura porque ellos no entienden de convenciones sociales, no comprenden que hay cosas que solo se hacen en casa y así tiene que ser. Pido respeto para sus opiniones y decisiones, para su hambre o falta de ella, para su gusto en la moda, para su proceso evolutivo, su crecimiento, su maduración. No les obliguemos a quemar etapas convirtiéndoles en adultos en miniatura. Comprendámoslos. Basta de control, de exigencias, démosles libertad. Establezcamos límites claros, concretos y realistas. Dejémosles explorar. No los alejemos de nosotros, enseñémosles a divertirnos juntos. Miremos el mundo a través de sus ojos. Disfrutemos de ese escaso y valioso tiempo en que la inocencia llenará su mirada.

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