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Un nuevo nacimiento

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Ayer hizo una semana que nació mi nuevo sobrino, por cesárea, la tercera, que ha vuelto a dejar a mi hermana con las ganas de un parto vaginal. Hay muchas cosas que odio de vivir una cesárea pero, para mí, la más dura es la separación Afortunadamente cada vez hay más hospitales y maternidades que no realizan esta separación porque los estudios demuestran lo fundamental del contacto temprano pero, por desgracia, este no fue el caso de mi hermana así que ella y sus dos pechos, esenciales para la alimentación de su hijo, se fueron a una fría sala y el bebé se vino a la habitación con los familiares.

¿Habéis visto a un recién nacido buscar? Es alucinante. Yo con mi hijo no pude vivirlo pero ver a mi sobrino cabecear mientras hacía el piel con piel con su padre fue simplemente mágico: SUPERVIVENCIA llevada a su máxima expresión. Estaba claro que el pequeño quería mamar, tan claro como que en los exiguos minutos que permitieron a mi hermana sostener en brazos a su bebé él se enganchó con fuerza al pecho. Al rato mi cuñado y mi madre fueron a la REA a ver cómo se encontraba mi hermana (afortunados, yo pude tener visita) y él comenzó a protestar como si supiera que su única referencia en el mundo real acababa de abandonar la habitación. Me senté, lo puse a descansar sobre mí y se quedó dormido. Aún no tenía tres horas de nacido. Entonces se abrió la puerta de la habitación y una voz cantarina, la de la auxiliar, exclamó “Le vamos a tener que dar algo mientras sube la mamá” y pude observar en su mano derecha la temida jeringuilla. “Prefiero que no. Está dormido y tranquilo y el papá no está, si queréis cuando vuelva lo habláis con él” fue mi respuesta.

¿Habéis oído hablar del biberón pirata? Afortunadamente, yo había leído a Silvia, la autora del blog que acabo de enlazar, una semanas atrás en Facebook hablando de la Alergia a la Proteína de Leche de Vaca (APLV) que tiene su hijo mayor debida a uno de esos biberones. En el caso de mi hermana y su marido tienen varias de los factores atópicos que recoge ella en su artículo así que mis temores no eran infundados. Puse todos mis conocimientos (y contactos) a trabajar y mis queridas Maca y Virginia me dieron algunas claves. En caso de no poder juntar a mamá y bebé o utilizar un sacaleches hospitalario, como proponía Maca, lo mejor era pedir leche hidrolizada para evitar el factor de riesgo que supone la introducción de la leche de fórmula, como me recordó Vir. Asi que, dicho y hecho, mi cuñado pidió leche hidrolizada y la respuesta que le dieron me dejó estupefacta: no sabían si tenían y, además, querían confirmar antes que en la familia había alergias alimentarias. Ver para creer. Por suerte, mi hermana no tardó en llegar a la habitación y pudo comenzar su lactancia.

Todo esto se habría quedado en una anécdota desagradable (eso sí) si al día siguiente la misma auxiliar no le hubiera enchufado un jeringazo de sacarosa durante la revisión pediátrica para que la doctora pudiera revisarle tranquila. Digo yo que el mismo efecto hubiera causado que mi hermana se lo pusiera en el pecho, ¿no?. Jeringazo que repitió cuando al salir de la revisión, solo en su cuna como estaba, el peque se puso otra vez a llorar. ¿Quién es la madre de la criatura, la auxiliar? ¿Por qué decide ella cómo hay que calmarlo?

Un par de horas después la persona más empática y agradable que he encontrado jamás en una maternidad apareció en la habitación. Quizá estoy un poco flipada al recordar nuestra conversación, pero hasta parecía irradiar luz. Con un tono de voz cariñoso esa enfermera le comentó a mi hermana que necesitaba descansar, que buscase una postura en la que se encontrara cómoda con el bebé en brazos y durmiera un poco. Le dio algunas indicaciones para ponerse el niño al pecho (por la noche habían aparecido las primera grietas) y eso me dio pie para comenzar a charlar. Le preguntó por qué le habían hecho otra cesárea y agitó la cabeza sin comprender cuando mi hermana dijo que no le habían dado opción porque era la tercera. “¿Por qué nos meten miedo?- respondió- ¿por qué como mujeres que somos no nos dan la información y nos dejan decidir? No somos niñas”. Le comenté la visita de la auxiliar con la jeringuilla “Pero si aquí damos formación a profesionales en lactancia, no puedo comprender” fue su respuesta. Fue una charla increíble, con una mujer empática, que escuchaba, que hablaba de empoderar a la mujer, de darle su papel en SU parto. “Mi marido piensa que soy una activista” le dije. Y ella, mirando a mi marido respondió “Es que necesitamos activistas, necesitamos muchas mujeres como ella”. 

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