9 meses mágicos

9 meses mágicos

9 meses mágicos

Un día todo cambia al tiempo que una raya rosa aparece, primero tenue, después decidida, en una prueba de embarazo. Y por más que te hubieras preparado, por más que sepas que es lo que querías que pasara, no puedes evitar el vértigo de la incertidumbre. Estás embarazada. Pero, ¿qué es el embarazo? Me refiero, ¿para qué sirve más allá de para que una pequeña criatura crezca en nuestro interior?

Yo tuve por delante casi 6 meses desde que esa rayita se decidió a aparecer y, aunque sabía que el cambio iba a ser total y definitivo, creo que en un primer momento vi el embarazo como un hecho puntual en mi vida, algo que sucedería y luego dejaría de suceder. Y sí, ciertamente el embarazo dejaría de suceder pero desde ese momento tendría una nueva responsabilidad en mi vida: mi hijo.

Bajo mi punto de vista, es muy importante afrontar el embarazo como una etapa de preparación: se prepara el cuerpo para albergar una nueva vida en su interior y poder después alimentarla, también para el gran esfuerzo físico que supone el parto, pero, sobre todo, deberíamos aprovechar el embarazo como un tiempo de preparación mental para afrontar la nueva vida que vamos a vivir. Y es que, por mucho que yo quisiera creer que sería un hecho puntual en mi vida, llegó un momento en que tuve que afrontar que mi vida no volvería a ser igual que antes de quedarme embarazada. 

Por eso creo que esos nueve meses que nos regala la vida son una buena oportunidad para:

  1. Leer acerca de los posibles cambios en tu cuerpo y del desarrollo de tu bebé
  2. Leer (mucho) sobre lactancia y acudir a grupos de lactancia desde antes del nacimiento
  3. Asistir a las clases de preparación al parto. Aprender cómo se desarrolla, de qué formas se puede parir y decidir cómo queremos que sea el nuestro
  4. Leer acerca de cómo son los primeros días, semanas y meses con un recién nacido
  5. Informarnos acerca de escuelas infantiles, madres de día o casas de niños 

 

Pero, además, el embarazo es el momento para reconectar con nuestras emociones más primarias, tan importantes para comprender a nuestro hijo más adelante, para quitarnos capas de prejuicios y dedicarnos a ser en nuestra misma esencia. Es, además, el momento para empezar a amar a esa pequeña mancha en la pantalla del ecográfo que irá adoptando forma de personita según crezca nuestra barriga.

Contaba el otro día que las mujeres somos una coctelera hormonal andante. Nunca esta frase es más cierta que cuando otro ser habita en nosotras. Cambios de humor, sensibilidad exacerbada, todo es posible en esos dulces meses. No hay que agobiarse, es mejor permitirse sentir conscientes de que es un período mágico en el ciclo vital femenino que tiene fecha de caducidad.

Por último, es fundamental también implicar a nuestras parejas porque la llegada de un hijo normalmente es cosa de 2. Aprovechemos para conversar y hacer partícipe al otro, busquemos momentos de intimidad y cercanía porque, quizá, luego nos resulte difícil encontrarlos.

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