Los hijos de los demás

No sé por qué me preocupan tanto los hijos de los demás. De verdad que no lo entiendo, intento que me den igual pero no puedo evitarlo. Me ocurre cuando veo a un bebé en una mochila colgona, siempre aguantando las ganas de acercarme y preguntar “¿te han hablado alguna vez del porteo ergonómico?”, cuando lo escucho llorando dentro del carro o solo en una rabieta, cuando veo que es paseado en un grupo 0+ o viaja en una silla de auto de cara a la marcha. En todos esos casos siempre pienso lo mismo “pobre niño”. Y me preocupo, pero no por el momento actual, sino por las consecuencias a largo plazo. Mi marido siempre me recuerda que no es nuestro hijo y que no debo meterme pero mi cabeza siempre va más allá.

hijos-demas

Parto de la base de que cada padre hace lo que cree más oportuno para su hijo, o, mejor dicho, lo que cree más idóneo. Ningún padre en su sano juicio quiere el mal para un hijo suyo, ni para ningún bebé. Quizá sea eso lo que me pasa: me preocupa el desprotegido aunque no nos una relación. Cosas de la empatía, quizá, pero lo cierto es que la información no llega, aunque no sé el porqué. Desconozco si es que esa señorita de los grandes almacenes que te dice que su mochila colgona es mejor que tu fular porque podrá ver el mundo tiene mayor poder de convencimiento que todas las asesoras de porteo empeñadas en desterrar los portabebés no ergonómicos. La misma señorita “experta” en sillas de auto que no  ha oído jamás hablar de una silla a contramarcha y te asegura que su silla de cara a la marcha es infinitamente más segura y el bebé irá más tranquilo porque puede ver. Mitos y más mitos sin explicación científica alguna.

Mi afán no es criticar a los padres, es sólo que me puede el instinto de protección con los niños. El tema del automóvil es algo que me saca especialmente de quicio porque no hablamos solo de lesiones lo que está en juego es la vida de nuestros pequeños. Comparo la compra de una silla de auto con la elección del seguro: es algo que esperas no tener que utilizar nunca pero si llega el momento confías en tener el mejor, el que te cubra todos los daños. ¿Os habéis planteado que comprar una silla de auto te pone en el escenario de un accidente de tráfico? No deberíamos comprarla para cumplir con la ley, sino pensando que en caso de colisión nuestro hijo pueda no solo salvar su vida sino también minimizar el riesgo de lesiones.

Lo cierto es que una vez que has empezado a conocer un poco el tema de la seguridad infantil en el automóvil ya no te crees nada de lo que te cuentan. Hay algo que te rechina en todos esos estudios patrocinados, con esas categorías ininteligibles que no se preocupan por lo únicamente importante en este tema: la lesión menor en el peor escenario. Tengo una amiga que viene aguantando mis peroratas sobre maternidad y crianza desde que me reincorporé al trabajo. Ella ha sufrido conmigo mis olvidos del sacaleches, mis horas de poco sueño, los escollos con mi marido, en fin, mis preocupaciones del día a día. También mi empeño por poner mi granito de arena porque la contramarcha sea la opción mayoritariamente elegida por los padres para sus hijos, al menos, hasta los cuatro años. Ella ahora está embarazada. Supongo que ahora es cuando está reflexionando sobre todo lo que le he contado en estos dos años largos (desde aquí, perdón por las horas de chapa, pero ya me conoces) y me ha trasladado en varias ocasiones lo complicado que es encontrar información veraz en el tema de las sillas a contramarcha. Y es que en esos estudios este tipo de sillas no sale. En las revistas del sector automovilístico lo que muestran para ayudarte a elegir son esos estudios patrocinados. ¿A dónde acudir? me preguntaba ella.

Es difícil explicarlo pero desde que soy madre aplico una máxima: si te rechina, desconfia. Así comencé a coger a mi hijo en brazos cada vez que lloraba (y en mi casa hubo mucho menos estrés desde ese momento) y así elegí una silla a contramarcha para mi hijo. Si un estudio para padres, gente que no es profesional del sector, es complicado de comprender o leer, desconfía. Si las razones que te muestran para venderte algo no te cuadran, desconfía. Y si tras toda esa desconfianza sigues sin tenerlo claro, busca las pruebas de las sillas de automóvil en YouTube. Yo os dejo aquí el mismo vídeo que ya os dejé cuando lo descubrí.

Los hijos de los demás, obviamente, no son mis hijos. Los hijos de los demás, obviamente, no deberían preocuparme. ¿O sí?

Imagen: Pixabay.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

7 ideas sobre “Los hijos de los demás”

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies