La última entrada del año

Esta es la última entrada del año, en el último día de un año que no me ha sido fácil vivir. Nunca había estado enferma tantas veces como en este año. Jamás había pisado tanto un hospital. Ni me habían hospitalizado, salvo para traer a Ojazos al mundo, ni había pasado por un quirófano, salvo para lo mismo, pero todo eso ocurrió en 2015, en el año en el que los proyectos iban a salir y la cabeza me dijo “basta”.

ultima-entrada-ano_familia-sonrisa

Son ciertos los tópicos, todos y cada uno de ellos. El cuerpo te va avisando, sólo es necesario reconocer las señales e ir hilándolas. Pero yo no lo hice. Y, al final, el cuerpo me paró y lo hizo de una forma tan brutal que llegué a pensar que algo no funcionaba bien dentro de mi cabeza. No le deseo a nadie vivir la experiencia de hacerse una resonancia magnética en medio de una crisis fuerte de cefalea migrañosa… Lo peor de este año ha sido tomar consciencia de mi fragilidad, sentirme tan poco dueña de mi propio destino, reconocer, de verdad, que no soy una superwoman.

A pesar del terrible año, ha tenido momentos muy especiales. He reído y he llorado, he sentido, he pensado, he sido y he hecho, he escrito, he reflexionado, me he perdido y me he encontrado. He estudiado y he aprendido, muchas veces de la gente que me rodea. He recibido dos nuevos sobrinos. He casado a dos amigas, he asistido a sus despedidas de soltera, hasta organicé una de ellas. He celebrado cumpleaños. He hecho menos deporte del que hubiera querido y he leído menos libros. Me subí al barco de Mujeres y Madres Magazine que no me ha dado más que satisfacciones. Puse piel a amigas con las que interactuo cada día gracias a las redes sociales pero que no viven en mi ciudad. He conocido gente nueva y he dejado de ver a otra que me sobraba, cuando vienen mal dadas cada uno acaba poniéndose en su sitio. He sentido el cariño cercano, pero también el lejano, mucho más de lo que esperaba. He descubierto que la gente sabe ver más allá de mis corazas y me gusta ver lo que reflejan sus ojos, porque esa es quién soy yo de verdad.

ultima-entrada-ano_leticia

Lo más importante, sin duda: he visto crecer a mi hijo, que ha dejado, definitivamente, de ser un bebé para pasar a ser un niño pequeño que nos deja perplejos con sus ocurrencias. Es un niño sano y feliz, de risa contagiosa y mirada limpia. Es una verdadera suerte ser su madre. Y yo se lo digo mucho, le podéis preguntar si algún día le veis.

Dejo atrás un año sin duda de inflexión, en el que muchas cosas han cambiado. Por desgracia aún no estoy completamente recuperada, pero el tiempo acabará por hacer su trabajo y yo voy a poner todo mi empeño en ello. Tengo muchos planes para este 2016 y ahora, si aprendo a organizarme, tengo tiempo para llevarlos a cabo. Desde luego, el más importante y el primero que he de abordar es terminar de ponerme bien. Pero, ¿sabéis una cosa? también necesito vivir. Caminar sin prisa, recrearme en los detalles, en la forma de las nubes en el cielo, en el leve vuelo de las hojas al caer de los árboles, en el color del paisaje que me rodea. Dejar atrás el mal humor. Sonreír por las pequeñas cosas y carcajearme por las grandes. Volver a aprender a disfrutar de cada segundo. Apreciar lo extraordinario de lo cotidiano.

Respirar.

Pd.: a todos y cada uno de los que me habéis acompañado en este año, los que me habéis arrancado una sonrisa, me habéis limpiado una lágrima o confortado, os habéis preocupado por mí, me habéis leído aquí o allá GRACIAS. Hacéis cada día un poquito mejor.

Imágenes: Violeta Rodríguez

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

20 ideas sobre “La última entrada del año”

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies