No da la teta nadie

Veo repetirse a mi alrededor la misma estampa con muchísima frecuencia: bebé recién nacido o con pocos meses que cuando tiene hambre (o los adultos a su alrededor creen que la tiene) es alimentado con un biberón pese a las recomendaciones de organismos oficiales como la Organización Mundial de la Salud, UNICEF o, más cerca de casa, la Asociación Española de Pediatría. De hecho, la OMS recoge en su documento acerca de la salud del recien nacido en relación con la lactancia materna que

promueve el desarrollo sensorial y cognitivo, además de proteger al bebé de enfermedades infecciosas y crónicas. La lactancia natural exclusiva reduce la mortalidad infantil por enfermedades de la infancia, como la diarrea o la neumonía, y favorece un pronto restablecimiento en caso de enfermedad. La lactancia natural contribuye a la salud y el bienestar de la madre, ayuda a espaciar los embarazos, disminuye el riesgo de cáncer ovárico y mamario, incrementa los recursos de la familia y el país, es una forma segura de alimentación y resulta inocua para el medio ambiente. no-da-teta_biberón

¿Por qué hay tantas madres que deciden no dar pecho ante tales evidencias? No puedo ponerme en la piel de todas ellas, eso está claro, pero creo que algunas de las razones no son reales o se deben a prácticas erróneas siguiendo consejos quizá bienintencionados pero a todas luces equivocados.

Pero no era de todo eso de lo que yo quería hablaros hoy en ese post. Mi reflexión es a propósito de esa presión que dicen sentir las madres que dan biberón para dar teta. Nadie ve extraño que una madre saque un biberón en un centro comercial pero sí se recrimina en muchas ocasiones a las madres que amamantan en lugares públicos. Desde esta perspectiva, en la que se estigmatiza lo que debería ser natural, me veo en la necesidad de reflexionar sobre cómo emitimos los mensajes las mujeres que conocemos los beneficios de la lactancia materna y queremos lanzarlos al mundo. Y aquí me siento en la obligación de personalizar porque el mejor ejemplo es la vivencia propia.

Cuando Ojazos nació yo sabía que iba a darle el pecho. No me imaginaba otra forma de alimentación para él. Leí y leí acerca de lactancia y quizá por eso cosas que podrían habérseme hecho un mundo fueron llevaderas. Con tanta lectura cada vez me vi más empoderada en esto de la alimentación de mi peque y, en consecuencia, cada vez me sentía más cargada de razones para gritarle al mundo que la lactancia materna es lo mejor. Y lo es pero aburrí a mi entorno y puede que hasta generara alguna polémica en Twitter sin apenas darme cuenta. Cosas del puerperio malo que diría una amiga mía. Del puerperio… y de la vehemencia.

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Es cierto que me gusta ayudar cuando puedo y dar la respuesta cuando la tengo, aunque no me la hayan pedido directamente. A veces soy la típica listilla, esa a la que le soltarías un sopapo si no fuera de mala educación. Me ha ocurrido no solo en el entorno laboral, sino también en la vida. Con el paso el tiempo he ido calmando esa vena mía porque me ha traído problemas en muchas ocasiones. Una de las cosas que intento hacer es morderme la lengua cuando en mi entorno se habla de lactancia y casi lo hago más con la gente cercana por un tema práctico: por más que no se debe asociar el dar pecho a ser mejor madre aún hay quien se siente atacado cuando hablas de los beneficios de la lactancia materna.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda lactancia materna exclusiva durante seis meses con la posterior introducción de alimentos complementarios nutritivos a partir de allí, conjuntamente con la lactancia materna continuada hasta los dos años o más.

Así que me gustaría mostrar los peligros de la alimentación artificial porque hay que hablar con conocimiento de causa y tener toda la información antes de tomar una decisión tan crucial en las vidas de nuestros hijos. Os dejo el artículo con todas las referencias y os muestro una lista de los problemas de salud que puede causar la lactancia artificial:

  1. Mayor riesgo de asma
  2. Mayor riesgo de alergia (atopía, eccema, alimentaria y respiratoria)
  3. Menor desarrollo cognitivo
  4. Mayor riesgo de enfermedad aguda de las vías aéreas
  5. Mayor riesgo de infección por consumo de leche artificial contaminada
  6. Mayor riesgo de carencia de nutrientes
  7. Mayor riesgo de cáncer durante la infancia
  8. Mayor riesgo de enfermedades crónicas
  9. Mayor riesgo de diabetes
  10. Mayor riesgo de enfermedad cardiovascular

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Si esta es la realidad de la alimentación artificial, ¿por qué aquellos padres que dan lactancia artificial a sus hijos se sienten molestos?, ¿acaso desconocen esta información?, ¿es que no se la dan los pediatras? Defiendo que cada padre decida lo que estime oportuno en relación a sus hijos, aunque, obviamente, haya cosas con las que no estoy de acuerdo. Por tanto, cuando hablo desde mi experiencia de lactancia materna, no trato de atacar, sino de transmitir lo que conozco. Y, ahora sí, cada vez intento influir menos. Quien quiere saber pregunta y si alguien no lo hace es porque tiene claro su punto de vista.

Pd.: Viendo la que se ha liado en estos días por el hecho de que Carolina Bescansa haya acudido al Congreso con su bebé de 6 meses y le haya alimentado allí siento que queda mucho por hacer. Os dejo dos reflexiones que me han gustado mucho: la de Madre Reciente en su blog y la de Sara Palacios en Grazia.

Imágenes: Pixabay

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