Nuestra lactancia prolongada

Ojazos acaba de cumplir 3 años y su historia de amor con la teta no termina. Si cuando nació me hubieran dicho que iba a darle pecho durante tanto tiempo, sinceramente, no lo hubiera creído, mi idea de lo que era la maternidad difiere mucho de lo que he vivido desde su llegada. Pero todas las historias tienen una cara A y una cara B, es inevitable, y hoy os quiero contar en aquello que el pecho ayuda a mi hijo y en lo que me molesta a mí.

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Le calma

Ojazos encuentra en el pecho una forma de tranquilizarse cuando está en medio de una rabieta o se siente triste o contrariado. Esto tiene su parte buena y su parte mala, porque, por una parte, es relativamente fácil ayudarle (si se quiere dejar) pero, por otra, en esos momentos quiere su teta y la quiere ya.

Le da intimidad con mamá

Supongo que desde su mirada de 36 meses que su mamá le sostenga en brazos es el cúlmen del placer. Para construir nuestro pequeño rinconcito de amor inmenso no hace falta más que tomarle en mis brazos y darle el pecho. Cuando no me pilla con prisas es un momento de intimidad único y precioso para disfrutar. Pareciera que el mundo se parara a nuestro alrededor.

Le ayuda a dormir

Si estoy en casa, Ojazos solo se duerme al pecho. Da igual que su padre le diga que le acompaña a dormir, él con una claridad meridiana dice “Quiero tetita para dormir”. El problema se me presenta cuando se queda solo en una frase y lo único que quiere es tumbarse un rato conmigo, porque me desespera: una hora u hora y media con un niño mayor succionando se hace muy pesado. Si con que me pidiera tetita ya llegaba…

Le alimenta

Sobre los dos años muchos de los niños que conozco han tenido un bajón en su apetito y a Ojazos también le sucedió. Mis conversaciones con otras madres durante muchas semanas versaron sobre qué ponerle y cómo de comer al peque para que no lo dejara en el plato. En esos casos, como siempre me recordaba una de mis amigas, Ojazos tenía el pecho, lo que le salvaba en los periodos de ayuno.

Nada más divertido que jugar juntos

Me molesta la succión durante largo tiempo

Tengo una piel delicada, y los pezones, tras las grietas, se han quedado algo más sensibles. Algunas veces, cuando Ojazos se tira mucho rato mamando, me pican y me molestan. Además, siento algo de agitación del amamantamiento cuando estoy con el periodo, por ejemplo, o cuando se ha dado esa succión eterna. Si se junta con la molestia en el pezón me provoca una sensación física y psicológica bastante incómoda.

No me apetece darle el pecho cuando él lo pide

Como mi hijo ya comienza a ser mayor y a entender lo que le explico, pensé, tras leer experiencias de otras mamás de niños de edad similar a la de Ojazos, que podría pactar las tomas, pero no es así. Cuando quiere pecho, lo quiere ya y yo a veces siento que no puedo más, pero él no lo entiende. Si llegamos a entrar en la rabieta porque le digo que tiene que esperar un poco, estamos perdidos.

Me siento como si solo fuera una teta para él

Algunos días juega con mi marido, o quiere que sea él quien le bañe o le haga la cena, y solo se acuerda de mí para tomar pecho. Si me pilla cansada o tengo prisa soy incapaz de empatizar con él y su necesidad y le apremio para que termine. Cuando lo hago, la sensación de no estar siendo una buena madre por negarle algo que él necesita es terrible.

Siempre tengo que estar pendiente de la ropa que me pongo

Tengo algunos vestidos que no me he puesto en mucho tiempo porque con ellos es imposible amamantar o que solo me pongo si sé que no voy a estar con mi hijo. El drama puede ser tremendo si me pide tetita y no puedo dársela porque la ropa me lo impide. En alguna ocasión me ha sucedido y he tratado de explicárselo lo mejor posible… pero no siempre me entiende, que aunque yo lo vea muy mayor, sigue siendo pequeño.

Estas son algunas de las sensaciones encontradas que tenemos madre e hijo al compartir momentos de lactancia prolongada. ¿Cuáles son los vuestros?, ¿os pasan cosas parecidas o poco tiene que ver?

Imágenes: Violeta Rodríguez

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