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Así elegimos colegio

¡Ay, qué difícil es elegir colegio! Ahora que ya ha pasado la vorágine, que las dudas se han convertido en certezas, que los días de cole ya son una rutina para nosotros, os voy a contar cómo nos decidimos por el colegio al que va Ojazos.

Cómo ya os dije en un post anterior, nuestras opciones pasaban por que el colegio público, no religioso, con jornada continua y bilingüe. Soy consciente de que al respecto de este último punto hay muchísima controversia, opiniones encontradas e incluso enconadas disputas, pero, para nosotros, era uno de nuestros imprescindibles.

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La visita al colegio

Cuando llamé al colegio, la jornada de puertas abiertas ya había tenido lugar. A pesar de eso, el secretario nos dio cita para que él mismo nos contara todo acerca del centro, aunque finalmente nos atendió el director, que estaba libre cuando llegamos.

El director nos contó varios aspectos del colegio que, bajo mi punto de vista, eran relevantes:

  1. Él es profesor de música. Ojazos la adora, y durante el pasado curso estuvo asistiendo a clases de música en la escuela infantil, así que para mí era un punto interesante. Creo que la música solo les puede ofrecer cosas buenas y en este cole a eso se le da valor.
  2. Se trata de un cole en el que se trabaja por proyectos, y en el que no hay deberes hasta muy avanzada la etapa allí.
  3. Nos habló de sus maestras con gran cariño y admiración, poniendo de relevancia su implicación, tesón y esfuerzo para la elaboración de los materiales del curso.
  4. Es un cole que lleva muchos años inmerso en el proyecto bilingüe.
  5. También habló de forma afectuosa del AMPA, poniendo de manifiesto lo activa que es.
  6. El colegio tiene cocina propia, no catering.
  7. Nos contó tanto las cosas buenas como las malas, explicándonos la situación de algunas de las infraestructuras debido a la falta de financiación.
  8. Habló de la buena relación de las familias con el colegio y lo mucho que se trabaja en común.

Por otra parte, me gustó mucho que fuera un colegio en el que se respiraba vida. Los trabajos de los peques colgados por las paredes no solo del aula, sino también de los pasillos así lo testimoniaban.

También os digo que entrar fue como trasladarme a mi cole. Se le notan los más de 25 años que lleva abierto.

Terminé de enamorarme cuando visitamos un aula de 3 años y vi una mesa de la paz con un bote de la calma. Estaba organizada por rincones en los que los niños pueden jugar, por grupos y en cierto orden, ya que tienen que ir rotando. Para ello tiene un carnet. Esta forma de organizar el trabajo en el aula la vimos en algún otro colegio.

La elección

Como en tantas otras cosas de la crianza, mi marido y yo no estábamos de acuerdo en la elección final del colegio. Nos quedamos con dos: el finalmente elegido y otro, muy similar, pero que carecía de cocina propia, tenía catering, y en el que, a priori, era más fácil entrar porque se trataba de un línea 3.

La realidad, fue que en la primera ronda en nuestro cole solo se llenaron 40 plazas de las 50 ofertadas, mientras que en el otro se quedaron niños fuera. Y, menos mal que no lo pusimos primero, porque en el sorteo de letras la suerte no estuvo de nuestro lado y no hubiéramos entrado ni de broma.

Creo que nuestro cole fue el primero en la hoja Ojazos porque rellené yo la solicitud. Si hubiera sido su padre quien lo hubiera hecho habría puesto el otro. Manteníamos posturas muy férreas con nuestros razonamientos al respectom, pese a que es posible que no haya una razón muy racional que esgrimir para mi fijación por este cole más que cuestión de piel. Me quedé encantada según entre en él.

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Y la suerte

En esos días de visitas todas las charlas con otros padres estuvieron centradas en este tema. Y vi de todo. Y me llamó mucho la atención. Padres a los que les preocupaba muy poco el ideario del colegio y solo tenían interés porque entrara en alguno, dándoles igual el tipo. Otros que solo querían asegurarse que el niño entrara de forma fácil y por eso, aunque su cole de toda la vida no les convencía, le iban a apuntar ahí. O aquellos cuya única preocupación era que estuviera cerca de casa y por eso se decidieron entre dos opciones tremendamente opuestas pero con patios pegados.

Y luego estaban los que se parecían a mí, que habían elegido el cole de su hijo de forma muy consciente y que dejaron la solicitud cruzando dedos.

Como sé que en otras comunidades autónomas la historia es diferente, os cuento que en Madrid se presentan las solicitudes y, una vez se cierra el plazo para hacerlo, se hace el sorteo de las primera y segunda letras del apellido del niño que servirá para establecer el orden de entrada. De esta manera, si tu apellido empieza por “Or” y sale “Za” date por fastidiado que es muy difícil que tu niño entre. Ese sorteo es público, vamos que puedes asistir y asegurarte de que no te dan gato por liebre.

Como os decía más arriba nuestra suerte fue que en nuestro cole no se presentaron más solicitudes que plazas, porque de haber sido así Ojazos no habría entrado. Las letras no se congraciaron con nosotros.

Una vez que supimos que estábamos dentro respiré tranquila, pero empezaron otros miedos. Los que se materializaron entre septiembre y octubre de este año. Pero eso ya os lo contaré en otro post.

 

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