Media maratón

¡Solo quedan 19!: mi primera media maratón

La mañana del 29 de octubre de 2017 corrí mi primera media maratón. Di así por finalizado un trayecto que había comenzado en mayo con un mensaje de WhatsApp

Fer, si empezamos a entrenar ahora, ¿llego a una media maratón en octubre?

Una frase que cambió mi forma de correr y supongo que, por extensión, un poco de vivir. Las semanas comenzaron a organizarse para tener hueco para entrenar. Cambié mis hábitos lectores para iniciarme con los libros de running y devoré con avidez Mujeres que corren de Cristina Mitre y Correr es algo más de Isabel del Barrio. Me apunté a todas las carreras que encontré -hasta tener en septiembre una cita cada domingo- e inauguré un chat con gente muy pro en estas lides.

Y octubre llegó.

¡Buenos días, tienes una carrera!

Lo tenía anotado en el calendario de la cocina “MEDIA MARATÓN”. Así, en mayúsculas, como si fuera a olvidárseme.

La noche anterior aún tenía dudas acerca de qué pantalón ponerme, de si llevarme algo de abrigo o no, estaba agobiada porque no había probado los geles… Para remate, esa noche era el cambio de hora. Y, aunque se suponía que dormiría una hora más, eso añadía incertidumbre a la hora de levantarme, algo que siempre me cuesta. A las 4:30 sonó un despertador que no había vuelto a marcar las 2. Me quedé en la cama esperando paciente a que dieran las 5:30, tratando de arañar algún minutito más al sueño. Pero no dormí mucho más.

Mientras se hacía el café, comenzó la retahíla habitual de mensajes con Susana, mi partner in crime en esto de las carreras. Ambas hablando de nervios y de expectativas. Ya en la zona de salida recibí la llamada de Ángela, con quién me encontré poco después. Tras el ritual previo de visita al baño -gracias a la organización por unos baños tan limpios- repasamos el plan de carrera que había consensuado con Fer, mi entrenador desde mayo. Y tomamos la salida.

Mi primera media maratón

Salimos despacito, como diría Luis Fonsi, con mucha cabeza. Siendo muy conscientes de que teníamos por delante un largo camino. Vimos a muchas corredoras pasarnos, pero sé que hay muchas que salen muy fuerte para pinchar después. Y pinchar no estaba en nuestros planes. Mi única ambición era acabar y estimaba que podría hacerlo en 2:30 h. Tan a lo nuestro íbamos que cuando quise darme cuenta ya estábamos en el segundo kilómetro. Así que mi primer grito de ánimo fue “¡Solo quedan 19!”. Como si fueran pocos.

Los primeros 7 kilómetros transcurrían por el Paseo de la Castellana en dirección a Plaza de Castilla. Vaya, cuesta arriba. Tocaba reservarse. Como Su no llevaba pulsera, mi papel era el de ir controlando ritmos y distancias. Lo bueno de haber corrido tantas veces juntas es que sabemos cómo hacerlo -ella siempre a mi derecha- y que nos acoplamos bastante bien. Ya nos conocemos.

Casi sin darnos cuenta llegamos al avituallamiento del kilómetro 5. Cogí un vaso de isotónico y apreté el culo para llegar hasta Plaza de Castilla. Pasamos por debajo del túnel y al hacer el giro, oh alegría, ahí estaba Don Draper vestido de Emidio Tucci para alegrarme la vista. Una sonrisa enorme se dibujó en mi cara. Con esa visión acababa la peor parte de la carrera. Eso solo podía ser una buena señal.

Como no había probado los geles, llevé nueces y almendras en el cinturón y, hacia el kilómetro 14, comí algunas con la intención de que me dieran un extra de energía. Me acompañaba un miedo irracional a caer desfallecida en cualquier momento. Las subidas de la calle Alcalá y Gran Vía no fueron fáciles. Son mucho más cortas que las anteriores, pero también más explosivas y requieren un mayor esfuerzo. Tocó apretar dientes, fijar la mirada en el suelo y seguir nadando, como diría Dory.

Media maratón medalla

La zona monumental

El recorrido de esta media maratón es espectacular, ya que atraviesa el centro de Madrid. Cuando salimos de Gran Vía por Callao en dirección a la Puerta del Sol nos mezclamos con los turistas y “domingueros” típicos de la zona. Un montón de gente que invadía el recorrido, dificultándolo, pero que no daba ni una triste palmada de ánimo. Y como nadie animaba, empezamos a gritar nosotras, las corredoras, jaleándonos unas a otras aunque no nos conociéramos. Fue un tramo bien divertido en el que, además, volamos.

Bordeamos el Teatro Real, la Catedral de la Almudena y la Basílica de San Francisco el Grande. Y cuando llegamos al parque de bomberos de Puerta de Toledo también vimos algún otro monumento. 😉  A esas alturas de carrera esperaba ir agotada, pero estábamos ya en el 17 y me encontraba bien. Pasamos el avituallamiento del 18,5 y miré el reloj. Si seguíamos así íbamos a bajar en bastante la marca esperada. Estaba -y sigo- flipando.

Vimos el cartel del 20. Una recta que había que volver a hacer en sentido contrario para entrar en Matadero, lugar de la meta. “Me mata esta recta”, pensé. Seguí corriendo con la mirada fija en el final de la recta, solo quería llegar al giro y al hacerlo, casi como una aparición, vi a mi madre con mi sobrina de la mano. Me puse a llorar. Ahora sí, tenía que entrar en Matadero por todo lo alto. Y esprinté. Entre risas y lágrimas atravesamos el arco de meta en 2:20 h.

Media maratón recuerdos

Objetivo cumplido

Me abracé a Susana con intensidad. ¡Lo habíamos hecho! Era increíble. Solo habían pasado 13 meses desde mi primera carrera de 5k y ahí estaba. No hay palabras para describir tanta emoción. Al poco vi a mi amiga Ruth, quien, envolviéndome desde los 15 centímetros que me saca, lloró tanto como yo. No me falla nunca. Después llegó mi madre con mis cuatro sobrinos. Y su pareja, que es como mi padre. Todos vinieron a apoyarme.

Me sentía flotando. Muy feliz. Acababa de cumplir mi objetivo del año y estaba rodeada de gente que me quiere. Tenía una medalla colgada al cuello. Lo había hecho con Su. Y, sobre todo, lo había logrado contra todo pronóstico, demostrando que soy capaz. Demostrándomelo a mí también. 

El lunes, tras la carrera, me sentí muy extraña. El inevitable vacío que conlleva la consecución del objetivo me invadió. ¿Y ahora qué? No sé cuál será el gran reto del año que viene. Aún no lo he pensado, aunque tengo un planificador gigante en la pared del despacho que puede ayudarme a fijarlo. Pero sí sé que quiero correr una maratón. Aún no hay fecha para ella, pero llegará. Seguro. 

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