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Ser mujer

Violencia de género: Yo Condeno

Cada 1 de enero se para la cuenta y empieza otra vez. Las muertas son otras y van a una nueva estadística. Las historias que leímos, las de madres asesinadas delante de los ojos de sus hijos o mujeres que tras toda una vida de vejaciones deciden separarse a los setenta y tantos y encuentran en su decisión el fin, se nos olvidan. Las cambiamos por otras, que inevitablemente se nos olvidarán también, así de volatil es el ser humano. Permanecen sólo en el recuerdo de sus allegados, de aquellos que, en muchos casos, llevaban tiempo «viéndolo venir» y se lamentan de haber tenido razón.

Cada 1 de enero espero que la cuenta se inicie más tarde, que llegue marzo, abril o mayo sin que ninguna mujer haya muerto a manos de quien tanto creyó quererla. Y cada año esa cuenta inicia y aumenta y sigue aumentando sin que nada ni nadie la pare.

¿Por qué no conseguimos hacerlo? A mi juicio uno de los problemas fundamentales es la educación que damos a nuestros pequeños que perpetua estereotipos machistas y diferenciados de lo que es correcto en un hombre y lo que lo es en una mujer. Niños que juegan con pistolas y hacen carreras de coches frente a niñas que lo hacen con cocinas y pasean al bebé. Y ojo del que pretanda adoptar el rol del contrario, que será apartado y ridiculizado sin piedad. Los números de la violencia machista entre los más jovenes son escalofriantes y esta sociedad debe moverse por cambiarlos, porque si los datos son muy preocupantes en las generaciones mayores en las jóvenes alcanzan la magnitud de tragedia.

La violencia no es lícita. NO. EN NINGÚN CONTEXTO.

Aunque parezca una obviedad: SOMOS COMPAÑEROS, CADA UNO CON SUS PARTICULARIDADES, ESPECIALIZACIONES, VIRTUDES Y DEFECTOS. El amor no se demuestra pasando por encima del de al lado ni imponiendo voluntades. Aprendamos a sacar lo mejor de cada uno en compañía. No dejemos que nadie nos manipule. Seamos conscientes de lo que en verdad somos y EMPODERÉMONOS.

Para que la estadística pare y no crezca nunca más: #25NYoCondeno

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Ser madre

La otra parte

Este es el post que me pidió Elena , aunque estoy segura de que ella ya sabe todo esto (y más).

Lo normal es que sean ellos quienes lleguen tarde y se pierdan a los niños, pero ese no es nuestro caso, aquí «la otra parte» soy yo. Salgo sobre las 8 de la mañana y llego pasadas las 8 de la tarde. No voy a casa a comer porque, a pesar de que tengo 2 larguísimas horas para hacerlo, no me llega el tiempo y llevo ya seis años paseando tuppers de punta a punta de Madrid. Desde que me quedé embarazada supe que lo más duro iba a ser esto, la eternidad de horas que pasamos separados. Económicamente es inviable que reduzca mi jornada. Así que aquí estoy con mi horario de oficina viviendo mi muy consciente maternidad. Para mí está siendo muy difícil. He tenido ya un par de conatos de ataques de ansiedad que no han llegado a más (afortunadamente) y que espero que no sean el aviso de algo serio.

Mi bebé durmiendo en brazos
No hay mejor lugar

Elena se preguntaba que es lo que siente la otra parte. No sé si se aplica a todo el mundo, pero esto es lo que siento yo. Paso el día echando de menos a mi niño. Cuando al fin llego a casa y papá me enseña cada cosa nueva que el peque ha aprendido me pongo triste por no haberlo vivido la primera vez. Cuando llego a casa y quiero estar con él, él sólo quiere que le dé el pecho y dormirse. Me toca lidiar con el baño y el post baño con lo que conlleva: está cansado, lloroso, con sueño… Casi no hay forma ni de ponerle el pañal. Además yo también estoy cansadísima y me duermo a cualquier hora y en cualquier parte en cuanto tengo un segundo de inactividad. Tengo la sensación continua de estar fallando a mi hijo, de haber sido muy injusta trayéndole al mundo. También creo que fallo a mi marido, por no poder echarle un cable. Tengo la sensación de querer abarcar mucho y no llegar a nada. Alguien me dijo una vez que aunque nosotras (sí, era una mujer) no pudiéramos estar con nuestros hijos entre semana al menos los fines de semana los disfrutábamos al máximo, que era un 40 % muy aprovechado. Pues no, señores, no, los fines de semana no dan para nada, son muy cortos, no hay tiempo para compartir, para quererse, para disfrutarse y saborearse. Para ser felices. Y de lunes a viernes siempre estoy corriendo. Vivo en un estado permanente de disconformidad con lo que me rodea. Y me agoto y me agobio a mí misma a partes iguales.

No me gusta ser la otra parte, pero tampoco querría que lo fuera mi marido. Este país debe hacer algo por CONCILIAR, pero de verdad. Conseguir que las familias, además de serlo, sientan que lo son, que tengan tiempo para dedicarse. En la situación actual es hartamente complicado.