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La maternidad de la A a la Z: con F de Familia

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Familias hay muchas en la vida, al menos yo lo veo así. Familia es en la que nacemos, familia son aquellos amigos que te tocan el alma y deciden quedarse a tu lado incondicionalmente, familia es la que encuentras cuando te unes a otro y te sumas la suya y familia es, por fin, lo que fundas un día mirándote a los ojos mientras te juras amor eterno (y no me refiero al día del matrimonio).

Para mi marido y para mí nosotros somos familia desde siempre, desde que nos juntamos, compartimos el pensamiento de que nos elegimos para mejorarnos. Mi familia se fundó un verano de 2005 con la fuerza de la constancia y la perserverancia del que ya sabía que quería vivir todos sus días conmigo mientras que yo me resistía y le rodeaba y culebreaba para conseguir escapar, o no, de él. Con la llegada del invierno fuimos consolidando una relación por la que ni siquiera yo apostaba, tan alejado de mi arquetipo de hombre, tan cercana en el tiempo la relación anterior. Con 2006 recibimos un sobrino de una hermana, la mía, a la que él sólo conocía embarazada y que sintió desde el primer día como suyo también. Para entonces ya no quedaban barreras que derribarme y aquel chaval menudito que conocí de copas se había ganado no sólo mi cariño, sino también mi amor. Y mi familia, la nuestra, desde entonces lo fue.

Por lo tanto, nosotros repetimos hasta la saciedad aquello de que él y yo somos nuestra familia, la que decidimos crear, el uno para el otro, nuestra familia de dos. Y, desde este convencimiento, cuando nos embarazamos y la gente nos decía que ahora seríamos una familia nos daba un poco la risa. Porque la llegada de un hijo sólo redondea el concepto, lo mejora, lo perfecciona… pero una pareja no se convierte en familia, una pareja ya lo es en sí misma.

Entonces llegó Ojazos para revolucionar cada segundo y hacer el concepto más grande, magnitud que imagino que crece exponencialmente conforme aumenta el número de miembros que la compone (que se lo pregunten a las Trimadres, desde la fantástica inventora de esta gran iniciativa Trimadre a los 30 a mi no menos fantástica hermana). Y, aunque no lo hemos comentado, creo que nos dimos cuenta de la pequeñez de lo que nosotros creíamos familia a pie juntillas. Ahora tenemos menos tiempo el uno para el otro, dedicados a proteger, cuidar y educar  a un bebé adorable que, mientras alborota nuestros días, dibuja sonrisas no sólo en nuestras caras, también en nuestros corazones.


 

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La maternidad de la A a la Z: con C de Colelitiasis

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Con la maternidad he ido añadiendo palabras nuevas a mi vocabulario, de algunas comprendí el significado por deducción (¿qué iba a ser el colecho sino dormir con el bebé?) y otras han tenido que explicármelas los médicos.

No sabes lo que puede doler algo ajeno hasta que te conviertes en madre. Lo que haya podido dolerte tu pareja, un amigo, hasta tu propia madre, se queda en nada cuando una pequeña personita llega a tu vida con esa total dependencia de ti. En la revisión del niño sano de los seis meses tuvimos el primer susto importante: al Ojazos le palparon el hígado y el bazo agrandados y le prescribieron un análisis de sangre y una ecografía. Con el primero descartamos algo grave («como una leucemia», me dijo la pediatra suplente sin despeinarse y yo me quedé pasmada) y con la segunda encontramos un inesperado resultado: Colelitiasis. La colelitiasis son piedras en la vesícula.

Os habéis quedado ojiplaticos, lo sé sin veros la cara porque así también me quedé yo. Cuando cuentas que tu hijo tiene piedras en la vesícula lo primero que dice todo el mundo es «¿tan pequeño?» Los médicos con los que me he encontrado me han dicho que es más común de lo que pensamos, que en hospitales grandes en los que ven muchos niños como La Paz en Madrid no es tan infrecuente, pero, claro, para saberlo hay que hacer una ecografía que es una prueba muy específica y que sólo se prescribe si se sospecha «de algo».

La colelitiasis de mi hijo es asintomática. Si no hubiera tenido el hígado y el brazo agrandados como consecuencia de un proceso vírico común (en aquel momento estaba finalizando un catarro) no lo hubiéramos sabido. No le molesta y, de momento, no reviste mayor importancia. De continuar así, asintomática, su cuerpo podría reabsorber las piedras o, incluso, podría convivir con ella el resto de su vida sin que ocurriera nada. Le controlan en digestivo con revisiones rutinarias cada seis meses. El único momento en el que me permito pensar que ha podido empeorar es el día anterior a esa visita al hospital, sólo durante un segundo, nada más. Porque no sabes cuánto duele algo ajeno hasta que te duele un hijo y sólo la perspectiva ya es insoportable.

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La maternidad de la A a la Z: con B de Blog

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Grandes proyectos tenía para mi descanso maternal: sacarme el carné de conducir, mejorar mi inglés, escribir mi novela… y no llevé a cabo ninguno. Creo que infravaloré lo que supone la llegada de un recién nacido, más aún para una madre primeriza, y pensé que podría abarcar mucho más de lo que en realidad era posible. Mi blog, Esto no es como me lo contaron, comenzó a gestarse antes que mi bebé, aunque la idea era que eclosionara en con él ya en brazos, plasmando cada situación diaria que se convertía para mí en un mundo, cada obstáculo que parecía insalvable y que se hacía pequeño tras conseguir dormir un poco, pero tampoco pudo ser.

Es, pues, un deseo largamente anhelado y, aunque es el tercero que tengo, es el que más he necesitado pues refleja mi realidad vital allá por septiembre de 2013: agobiada y triste después de las vacaciones, en las que viví una quincena pegada a mi cría, compartiendo con Ojazos descubrimientos y nuevas experiencias, o explotaba en letras o mi cabeza reventaría. Elegí lo que me sirve para desdramatizar desde que tengo recuerdo: escribir.

 

Este blog es muy yo. Imagino que esta afirmación es muy obvia, que todos los blogs reflejan a quienes los idean (o eso quiero creer en mi inocencia), pero en mi caso es completamente literal. Algunas de las entradas serán un recuerdo increíble para mi hijo, como una especie de diario de lo que vivo y siento a su lado, otras son un mero desahogo (como si eso fuera poco) para la madre. En los días en que necesito gritar me siento y escribo, en los días en los que me doy cuenta de lo tremendamente afortunada que soy por tenerlo en mi vida, enciendo el ordenador y lo cuento al mundo. Casi sin darme cuenta de que ese mundo puede ser un concepto mucho más amplio de lo que cabe en mi pequeña cabeza, de que expongo buena parte de mí en una pantalla visible para cualquiera.

 

No mantengo la frecuencia de publicación que me propuse, pero ya sabía cuando me la propuse que no la iba a cumplir. La Maternidad de la A a la Z ha sido la excusa perfecta para, al menos, mantener la periodicidad semanal. Quizá algún día llegue a las dos entradas semanales que incluía mi plan cuando me decidí a empezarlo, quizá pueda incluso superarlas en algún momento, tal vez algún día incluso disponga de más tiempo y no tenga que inventarme formas de robárselo al día.

 

Esa necesidad de desdramatizar, de decir: “no pasa nada, sigue tu instinto, seguro que todo está bien”, lo que yo necesité (y en ocasiones sigo necesitando) oír me llevó a teclear “wordpress” en el buscador y elegir una plantilla. Ha pasado el tiempo y aquí sigo, con un poco más experiencia y mi montón de dudas, pero con la certeza de que mi vida es un poquito mejor gracias a Esto no es como me lo contaron.

 

Este blog me ha devuelto las ganas y la pasión por escribir, ha conseguido que crea que puedo aportar algo. Lo abrí pensando que podría servir a otras mamás que, como yo, se sentían solas en esta complejidad que viene de la mano de un hijo y, viendo los comentarios de mis lectoras, creo que así ha sido. No tengo una legión de seguidores, pero tampoco lo necesito, aunque si vienen serán bienvenidos, yo con saber que un par de ojillos curiosos me leen mientras alimentan a un bebé de madrugada soy feliz.