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Ser madre

Obstáculos

Llegó al trabajo aquella mañana como un día más pero no iba a ser un día cualquiera, una llamada de la encargada las puso sobre aviso: «Creo que me van a despedir»  el pitido insolente del teléfono nos alertó a las demás al tiempo. Y la despidieron. Así, de un rato para otro 14 años de dedicación dejaban de valer. No se trataba de que ella trabajara mal, una mera razón económica bien argüida por el propietario del local la dejaba en la calle. Impotentes, las otras cuatro participábamos de la injusticia desde el otro lado del invisible hilo. Nadie dijo que la vida fuera justa, pero a veces es demasiado injusto ver cómo se ceba con los mismos y la cola del paro no es desconocida en su casa. Ahora no sabe por dónde tirar, pero por ella y por su familia tiene que buscar un camino cada día.

Igual que se levanta cada mañana otra de ellas y afronta su ya no reducida jornada laboral, obligación que asume consciente de que, de no hacerlo, hubiera tenido que prescindir de su trabajo. Sufre por perderse un sólo segundo de la vida de su hija, porque estar separadas es regalar demasiado a quien no entiende que estar más horas no ayuda a ser más eficiente, sólo te hace más infeliz. Y nos lo cuenta a través de ese sistema de mensajería desde el que hace unos meses nos dio la increíble noticia «Está en el hospital».