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Ser madre

La impertinencia y los niños

En los últimos meses he vivido un par de situaciones que me han recordado el poco respeto que tenemos por nuestros pequeños.  La primera sorprendente situación tuvo lugar en una tienda del centro comercial Xanadú, una tienda de objetos de hogar, así que estuve muy pendiente de Ojazos por miedo a que, por una parte, tirara algo y, por otra, se pudiera hacer daño. Pero en un minuto aceleró y se metió detrás del mostrador. Llegué hasta el mostrador y le dije a mi hijo que tenía que salir de ahí. No habían pasado ni treinta segudos desde que se lo expliqué cuando llegó la dependienta y nos dijo, con un tono muy poco agradable, que el niño ahí no podía estar. Os aseguro que por el poco tiempo transcurrido me tuvo que oír decírselo pero es que, además, yo estaba parada frente a él mirándole seria: mi expresión corporal era muy clara. Así que cogí a mi hijo en brazos (algo que desde que me hice el esguince por el que me acabo de operar el tobillo me cuesta mucho) y salí de la tienda. Sin comprar lo que iba a comprar y sin ánimo de volver jamás. Será por tiendas en el mundo.

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La segunda situación que me causo extrañeza ocurrió en una papelería cercana a casa. Era un viernes por la tarde. Desde el exterior vi que tenían mochilas de Gorjuss y entré a curiosear a pesar de que había muchísima gente por si tenían algo cosa más ya que llevo tiempo buscando un billetero para mi hermana. Ojazos estaba conmigo. Comencé a deambular por la tienda y observé que el peque intentaba meterse en una habitación que estaba a oscuras y tenía la puerta abierta. Le dije que no podía pasar, le cogí de la mano cerrando la puerta y seguí inspeccionando lo que tenían por allí. De pronto el dueño, que debió de escuchar cómo se cerraba la puerta, me espetó que el niño no podía entrar allí «sobre todo por el perro» sin preguntar ni siquiera si había sido él . Le intenté decir que la puerta estaba abierta pero él insistía con lo del perro, al que ni vi ni oí, así que encaminé mis pasos a la salida. Otro al que no compraré jamás.

Estas dos escenas me hacen reflexionar acerca de lo impertinentes que podemos ser los adultos en nuestras relaciones no solo con los niños sino también con los padres de los mismos. En ambos casos yo me encontraba desarrollando mi papel de madre cuando me vi recriminada. El papel que creo que tengo que ejercer: el de decirle lo que no tiene que hacer, darle la explicación y dejarle tiempo para que interiorice lo que le estoy diciendo y lo lleve a cabo. No me enfado y le grito, intento respetarle y hacerme entender. No solo regañaron a mi hijo, sino que lo hicieron a través de mí, regañándome a mí. Claro, que si le hubieran regañado directamente lo mismo no me hubiera ido tan calmada. Hubiera entendido que me dijeran algo acerca del comportamiento de Ojazos si me hubiera quedado paranda sin hacer nada, pero no era el caso.

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Lo que quiero decir con todo esto es que necesitamos parar. Todos, no solo los padres. En el pasado estuve en el otro lado, durante cuatro en una tienda de decoración con sus sofás, cojines y lámparas viví a esos padres que no escuchan ni atienden nada de lo que hacen sus hijos así que sé que a veces hay que darles un toque a los adultos que acompañan a esos pequeños. Pero, por favor, si estás viendo que un padre está tratando con su hijo, no interfieras. No metas prisa, no agobies. Respeta los tiempos de esa pequeña persona que tienes enfrente. Esa pequeña persona que merece tanto respeto como tú pero que tiene muchas menos herramientas para manejar sus sentimientos y emociones, para saber qué puede hacer y que no.  Y practica la empatía.

Imágenes: Pixabay

Por Leticia

Mujer, madre y escritora.

14 respuestas a «La impertinencia y los niños»

A mí me pasó algo muy parecido a la primera situación que cuentas hace bien poquito, en una librería (afortunadamente es una de tres de la misma cadena y puedo prescindir de volver allí) después de un buen rato esperando para pagar (quien estaba delante se llevaba más de cien euros en libros) mi hijo decidió que estaba cansado y se subió donde se supone se apoyan los bolsos, y las maneras en que le dijeron que no podía subirse ahí cuando yo estaba pendiente y sujetándole no me gustaron nada. En otra ocasión, y cuando no tenía ni dos años, en una frutería la dueña tuvo la feliz idea de decirle «cada vez que entras aquí te oigo chillar». ¿Pues qué va a hacer un niño? No pasa nada bonita, que no le oirás más, y el gasto semanal en fruta y verdura (y te puedo asegurar que mi hijo come muchísima fruta) no lo haremos más en tu tienda. Última vez que entramos, será por fruterías…

Acaso a ti no te molesta nunca tu hijo cuando chilla? Pero nunca? Aunque estés trabajando concentrada? Pues esa verdulera, estaba trabajando no tomándose un café relajada. No sólo porque tenemos hijos podemos pasar sobre cualquiera, diciendo ay es que son niños aún.

Creo que los niños no tienen porque chillar.Soy pedagoga y no conozco ningún estudio serio que afirme que pegar chillidos ayude a que los niños crezcan mejor, sean más felices o se les desarrollen las neuronas.Soy muy sensible a los tonos agudos y los chillidos me producen desazón y dolor.Y no soy la única…mis hijos jamás han chillado en ningún lugar público y cuando hemos ido a algún sitio les he dejado muy claro que nadie tiene porque aguantar impertinencias ni molestias de nadie,ni de niños ni de mayores.

Claro que los niños molestan cuando chillan y claro que tienen momentos de cansancio en los que no se aguantan ni ellos: forma parte de su proceso de maduración. Lo que trataba de poner de relieve en el artículo es el poco espacio que les damos para entender las cosas en muchas ocasiones. En el caso concreto de la tienda de decoración yo misma se lo estaba explicando a mi hijo, no necesitaba que nadie más viniera a hacerlo.
Gracias por pasaros y por comentar.

Me ocurrió algo similar hace unos meses. Entré con mi marido y mi hija en la tienda de Zara (era Kiddys solamente)
Les quedaba unos 20 minutos para cerrar más o menos. Había gente pagando y gente mirando ropa.
Mi peque, que tiene debilidad por los zapatos, cogió uno. Antes de tener tiempo de decir «esta boca es mía» la dependienta en muy mal tono se dirigió a mi hija (de unos 18 meses) y le increpó que eso no se toca, que van a cerrar y ya está todo colocado.

Evidentemente me puse como una moto. Le dije que a mi hija no tenía que hablarle en ese tono, que yo dejaría el zapato en su sitio y que no iba a permitir que tratara a mi hija así. La gente se me quedó mirando como si yo hubiera dicho algo malo. Cogí a mi hija en brazos y casi grité que jamás volvería a pisar ESA tienda y que no iba a tolerar que nadie pagara sus frustraciones o su mal humor con mi hija.

Me hubiera gustado decirle 4 cosas más, por borde y por haber asustado a mi pequeña que no había hecho NADA MALO. Pero me contuve…

Eso sí, lo proclamé por todas mis redes sociales.

Creó que tu también asustaste a tu hija gritándole a la mujer… 20 minutos antes de cerrar una tienda? Enserio? Te gustaría que a ti te hicieran quedar más rato trabajando, todo el día de pie sin poder sentarte? Por respeto a los trabajadores que se quieren ir puntuales a sus casas porque les esperan sus hijos y bebés, no entres a una tienda 20 antes que cierre!!

Vamos a ver, yo creo que es normal que le digas a la dependienta todo eso, ella no es nadie para regañar a tu hija.
Respecto a lo que dice Maria del respeto y no entrar en una tienda 20 min antes del cierre… De verdad? Y entonces para que tienen el horario? Si cierran a las 20:00, no puedo ir a las 19:40? A que hora es el límite para poder entrar? Lo pregunto por no faltar el respeto a los trabajadores que se QUIEREN ir puntuales a sus casas para estar con sus bebés y/o hijos. Por cierto yo tengo una tienda y no me molestan los clientes…
Los niños gritan, se enfadan, juegan, rien y es completamente normal, parece que la gente está tan agobiada con el ritmo de vida que llevamos, que todo, absolutamente todo molesta.

Si trabajases en una tienda la tira de horas,cobrando una mierda,aguantando impertinentes todo el santo dia, y cuando has ordenado algo por ENËSIMA vez(entra muuuuuuuuuuuuuuuucha gente en una tienda a lo largo del día)te lo desordenasen porque si, probablemente reaccionarías igual que la dependienta,pero claro, es tu hijo/a y eso cambia las cosas…en fín…

Estuve casi cinco años en una tienda de decoración. Anteriormente, trabajé en varias tiendas de ropa. Ojalá el último cliente hubiera entrado veinte minutos antes del cierre, pero en multitud de ocasiones la antelación era de dos.
Yo también he tenido que decir a ñiños que aquello no era un campo de juegos, pero, afortunadamente, nadie me gritó por ello. Las formas son fundamentales, ellos son el espejo en el que se miran.

Yo vivo en un pueblo pequeño y la verdad es que alguna vez nos ha pasado. En general se portan bien y suelo estar atenta. Por mi trabajo veo padres que dejan a sus hijos libres y la mayoria de veces por mo decir jamas no le digo nada a los padres, siempre a los peques y con tacto. Hace poco en una tienda me miraron muy mal porque les dio a los dos por jugar y reirse. No estaban tocando nada pero yo me fui sin comprar desde luego. La empatia es muy importante si.

Es así, la mayoría de la gente considera que los niños son seres de segunda clase. Nosotros sí podemos tocar las cosas de una tienda o coger un zapato para mirarlo, los niños no.
¿Que hay padres que se desentienden de sus hijos? claro que los hay, pero eso no quiere decir que todos seamos así.
Yo es que creo que lo que pasa es que en general, los niños molestan y es una pena que ocurra eso.

Quizá deberían recordar más a menudo que ellos también fueron por niños. Y tratar de traer al presente lo que sintieron en aquel entonces. Puede que así cambiaran su forma de pensar. Un niño es un ser tan puro, es tan bonito acompañarle en su crecimiento que deberíamos tratar de preservarlo siempre. Eso no quita, como decía en el post, para que les digamos que eso no se hace así cuando sea necesario. Un besote.

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