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Ser mujer

Niños robados

Desde que empecé a ver la publicidad de la miniserie para televisión sobre los niños robados llevo dándole vueltas a mi historia, a la que es y a la que, afortunadamente, no fue.

Desde que tengo uso de razón mi madre ha relatado su parto de mí (perdonad lo enrevesado de la expresión, pero decir «mi parto» no se ajusta a lo descrito) diciendo que le pusieron anestesia total y que despertó con el médico sobre ella empujando para sacarle la placenta. Siempre ha bromeado diciendo que de mi hermana puede asegurar que es suya porque la vio salir (nos llevamos sólo 14 meses)  pero que de mí no puede hacerlo. Yo nací en 1978. Yo nací en la Maternidad de O’Donnell.

Cuenta mi madre que cuando empezó a oir hablar a madres de niños robados sobre sus partos se le arreboló la piel. Un día viendo en la televisión uno de esos programas en los que se hablaba del destapado escándalo del robo de bebés mi hermana y ella, con los 20 kilómetros que median entre sus casas, descolgaron el teléfono al mismo tiempo con el mismo horror reflejado en el rostro, el del «y si» porque aquella historia que ambas estaban escuchando se asemejaba demasiado a la vivida por mi querida madre hace algo más de 30 años. Dice mi madre que le ofrecieron dormirse y dijo que vale, que total, así era todo más fácil y la durmieron. Pero no debió de ser tan fácil después de todo porque a la niña hubo que sacarla con ventonsa (de lo que tengo como recuerdo una leve hendidura en el cráneo, bajo el pelo) y la anestesia terminó su efecto antes de tiempo. Mi hermana, muy ocurrente ella, dice que no me robaron porque era muy fea. Lo cierto es que lo era, imaginaos, la cabeza como un cara-cono por obra y gracia de la ventosa, un montón de pelo negro arremolinado en la coronilla y dos kilillos y medio de peso. Parecía una ratita y quizá es verdad que eso me salvó. O quizá la historia se parezca pero nunca hubo intención de robarme. En cualquier caso, aunque no ha sido fácil, agradezco la vida que he tenido. Agradezco a una madre sola el esfuerzo y sacrificio para sacarnos adelante. Agradezco a mis abuelos maternos que, por otra serie de circunstancias que ahora no vienen a cuento, nos acogieran a las tres en su casa, que nos cuidaran y velaran por nosotras. Agradezco los valores que entre todos nos transmitieron, la capacidad de sacrificio, el enseñarnos a dar valor a las cosas.

Y ahora que soy madre a mí también se me eriza la piel. 9 meses juntos para que te lo arranquen de tus brazos recién parido. Hijos de mala madre. Por decirlo finamente.

 

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Ser madre

Lo que nunca me hubiera imaginado de la maternidad (I): Porteo

En septiembre de 2012, embarazada de cinco meses, tuvimos una boda por parte de la familia de mi marido. En el cóctel su tía me preguntó si iba querer llevar al niño «colgado» y le respondí que sí, aunque no lo había probado me daba la impresión de que me iba a gustar más que llevarlo en el carrito. Me regaló un Mei-Tai. Sin saberlo había comenzado mi historia de amor con el porteo.

Como ya os conté en un post anterior (en éste) la reanimación tras la cesárea me tuvo separada de mi bebé durante 3 horas y no hicimos piel con piel ni nada semejante. Durante las semanas posteriores empecé a sentir que mi bebé requería muchísimo mi presencia y que no estaba a gusto en su moisés, que todo lo que quería era que mamá lo tuviera en sus brazos. Como casi todas yo también había escuchado aquel mantra de la maternidad «No lo cojas en brazos que se malacostumbra» y me debatía constantemente entre cogerle o no. Como si de un premio de consolación se tratara le mantenía entre mis brazos lo justito para calmarle, lo dejaba en el moisés y al ratito volvíamos a empezar. Mi instinto empezó a decirme que algo no iba bien, pero como yo era nueva en esto de la maternidad necesitaba que algún gurú (médico, pediatra, enfermera, matrona… alguien) refrendara mis pensamientos. Y no puedo quejarme, porque la pediatra de mi ratón lo hizo. Una mañana llegué a consulta y le comenté lo que nos pasaba. No olvidaré nunca sus palabras: «Cógele. Es un bebé, necesita seguridad y la única forma que tiene de sentir seguridad es que lo tengas en brazos. Hasta más o menos los 8 meses no saben hacer chantaje» y entonces vi el cielo abierto, pero tuve más suerte aún. Cortesía del seguro privado tuve una visita de matrona a domicilio.
Se trataba de una chica joven que había completado su formación en Inglaterra y con la que pasé algo más de dos horas en las que charlamos de lactancia, de colecho (esto me da para otro post) y de porteo. Le comenté que no sabía si estaba loca, pero que a mí me parecía que las 3 horas separadas de mi bebé habían dejado huella en él y que me necesitaba mucho por esa razón. Me dijo que estaba segura de así era. Me repitió lo que nuestra pediatra ya me había dicho, que lo cogiera en brazos, y me instó a que disfrutara de esos momentos juntos en vez de sentirme culpable.
Paralelamente a toda esta historia me había enganchado mucho a Twitter. Durante las tomas eternas de mi peque me dedicaba a leer mi TL y así descubrí a La Orquídea Dichosa , a Pilar Martínez o Elena por poner algún ejemplo. Leyendo y releyendo sus tuits y el de muchas otras (imposible nombraros a todas), entrando en sus blogs, comencé a leer sobre porteo. Y entonces llegó mi querida (por muchos motivos) Mamá (contra) corriente con su «porteo indoor» y salvó mi vida. Compré un Boba Wrap, un fular elástico, y no lo hice pensando en salir a pasear con él, sino en poder tender, así, como lo leeis. Tener un recién nacido en casa supone que las rutinas desaparezcan, pero si además es de alta demanda la cosa se complica. De esta forma, hubo paseos que comenzaron en la calle y terminaron en mi salón porque era meterle en el fular y quedarse frito.
Desde entonces he utilizado el fular, el Mei Tai, una bandolera de anillas y mi maravillosa Boba 3G Carrier. Con lo que menos me he apañado ha sido con la bandolera, no se me da bien cargar en un solo hombro, hacer bien el bolsillo para que el peque se sujete. La única que uso ahora es la Boba, con ella hasta papá se ha animado.
Papá y el porteo

¿Qué me ha aportado el porteo? Tranquilidad y brazos. Tener que cargar a mi bebé en brazos suponía no poder hacer nada y para mí dejarle llorar no era una opción. Usar el portabebés me ha liberado. Me ha dado también mucha cercanía con mi peque, nada mejor que sentirle pegadito a mí. Comodidad. Imaginad un día de lluvia en invierno con un carrito de bebé: plástico, una sola mano para manejarlo, el paraguas… Ahora imaginadlo con un portabebés: sólo necesito un paraguas. ¿Qué le ha aportado a él? Tranquilidad también, oler a mamá y sentir mi corazón obviamente le tranquiliza y se queda dormido a la menor oportunidad. Seguridad, siempre está atendido. Nos ha facilitado mucho la lactancia, no conozco una forma más cómoda de dar el pecho. Y mucha conexión entre nosotros. Sólo os digo que cuando mi peque con sus ocho meses me ve coger la Boba suelta una carcajada.

Respecto al portabebés, me informé mucho antes de decidirme por el fular. Mi pequeño era muy chiquitito y no quería usar nada que pudiera causarle el menor daño, sólo faltaba. Mi hermana me había prestado una mochila de Jané que no llegué a usar nunca, viendo la foto de la caja había algo que no me cuadraba, ahora sé por qué. Se trata de lo que se llama una «mochila colgona» en la que los bebés van colgados sobre sus genitales y no respeta su postura natural. Sólo hay que fijarse un poco para diferenciar una «colgona» de una mochila ergonómica:
– El bebé tiene que ir sentado sobre su culete, con las rodillas ligeramente elevadas por encima del mismo de forma que tengan forma de «M» o de ranita.
– Debe respetar la postura natural de «C» que tiene la espalda del bebé.
– El bebé debe ir pegadito al cuerpo del porteador a la altura del pecho del mismo, a un beso de distancia.
– Nunca debe ir mirando hacia afuera, perdería su referencia e iría en una postura antinatural, colgado sobre los genitales, sobreestimulado, etc.
– Para el porteador, debe repartir el peso entre espalda y cintura y debe poder ajustarse a él.

Por si me dejo algo os animo a visitar a las expertas Mochilas Portabebés , Elena o Brazos y Abrazos si hay algo en lo que creais que os puedo ayudar, sólo tenéis que silbar.

Pd.: Felizmente tras muchos días con él a medias este post coincide con la Semana Internacional de la Crianza en Brazos. Casualidades de esta vida nuestra

Viva el porteo del bueno
Viva el porteo del bueno

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Ser madre

Empodérate y sigue tu instinto

Visitar las urgencias pediátricas es para mí una de las experiencias más desagradables, no sólo por lo que me pueda haber llevado allí con mi niño, sino también por las historias que conozco alrededor. El viernes pasado estuve con mi bebé en urgencias, hace justo hoy una semana. Durante las casi 5 horas que pasé allí (sí, cinco) pude ver a muchos niños, bebés pequeños, bebés grandes, pero hubo un caso que me dejó especialmente impactada y del que me da mucha pena no saber nada más.

Mi bebé cogiendo el sueño

Llevaba ya un rato esperando los resultados de la prueba que le habían hecho a mi bebé. La noche había sido un poco traumática, había que llevarlo en ayunas de 6 horas, así que estaba reponsando en la Boba, nuestra mochila ergonómica, y de paso se enganchaba a su tetita cuando le apetecía. En ese ínterin entró una mamá con su bebé en un Bugaboo. A esas alturas ya había charlado con todos los adultos que había en la sala de espera de urgencias pediátricas y con esa mamá también entablé conversación. Mi inocente «Qué chiquitín» fue respondido con un «Ha perdido mucho peso, salió del hospital con 3,600 y pesa de 2,400», con un tono lastimeros y extramadamente triste. Le pregunté cuánto tiempo tenía. 7 días. Y esa mamá rompió a llorar con la desesperación de la mamá primeriza que no sabe si lo que hace está bien hecho, porque como tan bien dice mi amiga Virginia, nos han hecho olvidar el instinto. «Déjalo salir», le dije. Esas lágrimas a raudales me erizaron la piel y reconocí en ellas muchos de los momentos que viví meses atrás. «¿Le das teta?» pregunté y las dudas surgieron a borbotones. Me dijo que sí, pero que no sabía si era suficiente, que a veces se enganchaba y al poco se soltaba y que creía que se quedaba con hambre. Le dije que le pusiera cada vez que le pareciera que quería, le hablé de las crisis de lactancia y entonces salió la pediatra y la llamó. Atiné a decirle que en nuestra ciudad está Multilacta, que lo buscara en internet y asistiera a los grupos de apoyo. No pude verla ni decirle nada más. Me queda una pena grande por ello.
No sé qué sucedió después. Imagino que al bebé le dieron un biberón con leche de fórmula y que la madre se quedó con todas las dudas con las que llegó allí. Fue una situación triste. Muy triste.

Hemos perdido el instinto, sin duda. Sentimos que no estamos capacitadas para cuidar de nuestros bebés, necesitamos creer ciegamente en lo que nos dicen pediatras y enfermeras y ver así reforzada o tirada por tierra nuestra forma de criar. Pues no, señoras. Empoderémonos. Leamos, hablemos entre nosotras, sepamos qué es la lactancia y conozcamos los recursos para salvarla si lo que queremos es amamantar a nuestra cria. Aprendamos acerca de la crianza antes de ser mamás. Pero sobre todo, sigamos nuestro instinto. Y si lo que estamos viviendo no nos cuadra busquemos la respuesta a lo que nos rechina, seguro que nuestro Pepito Grillo nos quiere echar un cable.