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La Maternidad de la A a la Z

Con V de Verónica, un epílogo para mi Maternidad de la A a la Z

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Corría mayo del 2013. Para mí todavía era Trimadre a los 30 y empezó a tuitear algo así como #azdelamaternidad. Yo estaba en plena luna de miel con mi hijo  porque, aunque me incorporaba a la oficina a mitad de junio y comenzaba a agobiarme, todavía no sentía que el tiempo corría en mi contra. Leía en Twitter una y otra vez #azdelamaternidad y pensaba «Cuánto me gustaría participar en eso» pero pasaban las semanas y con cada una de ellas llegaba una nueva entrega en la que seguía sin estar.

Llegó junio y el momento de la reincorporación. No llevaba ni diez días en la oficina y ya estaba de nuevo inmersa en el estrés, mi boca emitiendo una permanente queja, sintiéndome idiota por no poder disfrutar de mi bebé,  cargando con una decisión que no podía ser otra pero que pesaba como una losa sobre mi espalda. Más de 12 horas separados y mi cabeza a punto de explotar. ¿Para esto había tenido a Ojazos? ¿Para no poder estar con él? Sentía que los días separada de mi familia eran demasiado largos y la tristeza comenzaba a hacer mella en mí.

Pero los meses sólo duran 30 días y pronto vino agosto con sus vacaciones en Somo. Horas de porteo y de disfrutar de nosotros tres, de aprovechar al máximo la luz de los largos días de verano, con mi pequeño mamífero enganchado a mí. Volví queriendo ser hippie, después de unas jornadas preciosas que atesoraré con sus recuerdos y risas como el primer año de mi  pececillo en la playa, viendo surferos viviendo en furgonetas que me hicieron darme cuenta de que no es necesario tener tanto para ser feliz.

Septiembre, ese mes que trajo mi vía de escape, este blog, que ahuyenta mi soledad y me ayuda a no volverme loca. Mi blog, el que grita mi dolor para descargar mi alma, el que me preocupaba que quedara bonito y no pareciera una ñapa de principiante, que al fin y al cabo es lo que soy,  en el que escribo cada cosa que me preocupa o atormenta en este largo camino de amor que es la maternidad, en el que conté qué es la colelitiasis de tal forma que la exorcicé desapareciendo de nuestras vidas al instante.

Para entonces Trimadre ya no era sólo Trimadre, por más que a mí me encantara seguir llamándola Tri, había pasado a ser Verónica, la mujer de los abrazos energéticos (pero esto lo descubrí después) y a quien, en un órdago tuitero de esos que nos echamos de vez en cuando, le cogí el guante y me apunté al AZ. A las que empezaron por mayo les quedaban siete entregas cuando yo me uní, así que me decidí a esprintar sabiendo que, ni de coña llegaría, pero procurando que los post que llegara a publicar no fueran una kaka. Y esta zurda se lió a escribir y entre conversaciones interminables de whatsapp conseguí terminar a tiempo. No sé si con éxito, pero desde luego este diccionario es único. Os dejo juzgar.

Mi diccionario acaba con la V de Verónica la mujer que nos unió, que se permitió soñar y nos arrastró con ella. La mujer que vino un día a Madrid  y la lió, y nos juntó a todas a lo largo de dos días porque sólo la noche se nos quedaba corta. Verónica  que me vio cruzar una puerta y me dijo con la mirada «Ey, te reconozco» y me dio un abrazo inmenso y corroboró que lo que yo sentía en la distancia era igual de real en la cercanía. Verónica la mujer que nos mantuvo unidas aún cuando se tuvo que marchar. Sin Verónica mi rutina sería muy distinta, por grandilocuente que suene. Gracias por embarcarme en la locura y por animarme a terminar.

 

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La maternidad de la A a la Z: Con R de Recuerdos y Risas

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Tengo un recuerdo nítido de pocas cosas de mi infancia y creo que he olvidado algunas de las importantes según me he ido haciendo mayor. Hace no mucho he leído que una de las primeras cosas que se olvidan es la voz de las personas y yo daría todo lo que tengo por recordar la de mi abuelo y oírle una vez más aunque sólo pudiera hacerlo dentro de mi cabeza… me encantaría que su voz me siguiera acompañando ya que él no puede hacerlo más. Recuerdo también, perfectamente, el día en que mi hermana le espetó a un desconocido «Es mi hermana… y me pega si quiere» anécdota que ella contó en mi boda y que le granjeó varios admiradores entre mis invitados. Y recuerdo las tardes de sábado viendo el Equipo A y merendando chocolate con churros o jugando a los masajes o las cosquillas con mamá mientras los yayos iban a ver a los bisos.

Es curioso como no todos los recuerdos tan vividos son bonitos o amables y aún ahora, a puntito de cumplir los 36, no consigo despegarme de la sensación de desconsuelo y de incomprensión que me produjo cada «bofetada a tiempo» recibida en mi infancia. Nunca me pegaron palizas, sólo me aplicaron los métodos habituales y sé que, tanto mi madre como mi abuela con quien vivíamos, hicieron lo que creían que tenían que hacer, pero esas imposiciones han dejado una huella tan indeleble en mí que me produce malestar recordarlas.

Desconozco qué tipo de mecanismos de la mente humana hace la selección de recuerdos que nos dejarán marcados para siempre. He sido una niña-adolescente-mujer joven muy dramática y ha habido muchas situaciones en las que he sentido mucho dolor, dolor que me gustaría evitarle a mi hijo en la medida de lo posible. Es por eso que yo no alecciono a mi hijo, no le pego azotes, no le doy en la mano si pone la mano donde no debería y, por supuesto, no le toco la cara.  No quiero dejarle una marca indeleble en el alma, no de ese tipo, sólo quiero que tenga las herramientas adecuadas para manejarse en la vida, que sea gente de bien porque ser buena persona es lo realmente importante, que los títulos y las carreras se quedan en nada cuando eres mala gente.

Hasta el momento se puede decir que mi hijo es un bebé feliz. Siempre está haciendo gansadas para que nos riamos, pero, lo bueno de verdad, es disfrutar de su risa. Ahora que lo pienso, su risa es muy parecida a la mía, también se le arruga la nariz hacia arriba y esos ojos tan grandes se alargan transformados en una mueca pilla mientras enseña todos sus dientecillos de ratón. En cuanto le oigo no puedo parar de reír yo también y apuro las cosquillas por todo su pequeño cuerpo y si paro él pide «Má». Esa risa es la esencia de la pura vida, de la felicidad más absoluta y espero que sea uno de esos recuerdos que se quede conmigo para siempre.

 

«La maternidad de la A a la Z» es un carnaval de blog iniciado por Trimadre a los 30 que consiste en que cada participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un «Diccionario de madres» con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.»