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Ser madre

Conciliación, bendita palabra #medidasconciliación

Ayer comí con unas compañeras de trabajo y, comentando nuestro día a día, salió el tema de  la conciliación. Nosotras no tenemos jornada reducida en verano y es algo recurrente en nuestras conversaciones, sobre todo en las veraniegas. Ya sabéis cuál es mi punto de vista al respecto, así que, en un momento determinado de mi argumentación, pude llegar a resultar demasiado vehemente incluso, elevando algo el tono de voz. Como les dije a ellas, ahora soy madre y lo sufro más pero no hace falta ser madre para querer conciliar, ni siquiera tener pareja, sólo tener una vida. Conozco mucha gente que no puede hacer planes después de salir del trabajo… porque no sabe cuál será su hora de salida.

Cada vez estoy más convencida de que las cosas no cambian porque los de arriba no quieren. Bajo mi punto de vista, el Gobierno debería promover políticas que abogaran por los horarios seguidos, adelantando la hora tanto de entrada como de salida y reduciendo el tiempo de la comida. Así las tiendas y otro tipo de establecimientos que dan servicio (clínicas dentales y de fisioterapia, gimnasios, etc.) podrían también reducir sus horarios en vez de alargarlos. Creo que el Gobierno debería legislar de acuerdo con el clamor de la sociedad, en ésta y en tantas otras cosas, pero parece que cuando se está tan alto no se oye bien lo que dicen desde abajo.

Pero como esto no es sólo una reflexión mía, sino de mucha más gente, os dejo las propuestas que he recibido a través del blog y del correo electrónico (estonoescomomelocontaron@outlook.es)

  • Año de baja para la familia, de forma que el tiempo se pudiera repartir entre padre/madre como la familia decida.
  • Posibilidad de solicitud de excedencia para cuidar a los hijos.
  • De la mano del punto anterior, dado que cada plaza de guardería cuesta 1000 € al estado que se entregue ese dinero a los padres y sean ellos quienes decidan si llevar al peque a la guarde o quedarse en casa con él hasta la edad de escolarización.
  • Posibilidad de tomar meses sin sueldo coincidenciendo con las vacaciones de los hijos para uno de los progenitores hasta los 12 años.
  • Revisión sistemática de todos los despidos y no renovaciones a mujeres u hombres que hayan tomado esos permisos.
  • Subvención de la cuota de la Seguridad Social al empresario con un trabajador que esté con esta baja (esto ya existe si contratan a alguien para sustitución no paga SS)
  • Guardería próxima o en el centro de trabajo siempre que más de 5 empleados lo soliciten.
  • Que la empresa esté obligada a evaluar las posibilidades de teletrabajo para los trabajadores con niños menores de 12 años. Si es posible 3 horas de teletrabajo mínimo a la semana para esos trabajadores
  • Aplicacion REAL de la legalidad vigente sobre el horario flexible y adaptado para los trabajadores con hijos menores.

Estoy segura de que tenéis más ideas que pueden llevarse a cabo, animaos también los que no tenéis hijos, las estoy esperando.

 

CAMBIEMOS LAS COSAS, MOVAMOS EL MUNDO

 

 

 

 

 

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Ser madre

Y no me acostumbro

Que no me acostumbro, que no, a dejarte llorando en la guarde mientras me echas los brazos. Esos ojos tan grandes se alargan, se hacen muy pequeños, y se desbordan en lágrimas desesperadas, abriendo y cerrando las manos, partiéndome el alma.

No me vale que enseguida se te pase, que sé que al poco de cerrar la puerta estarás jugando, que te habrás olvidado de que hoy te llevó mamá, no me vale. No tolero ni un segundo de esa angustia dibujada en tu rostro, no aguanto tu sufrimiento por parcial que sea, por poco que dure. No hay consuelo. Para ninguno.

Yo me voy a la oficina buscando una excusa para permitirme sentir como siento, porque hoy es pronto y no sería «lícito» quedarme contigo en casa. Y pienso en secreto que prefiero mil veces que te lleve papá a que sintamos este  dolor cada mañana. Y los días de médico, de revisión normal, que podrían ser una alegría, se han convertido en un arma de doble filo porque es verdad que estamos más tiempo juntos, pero nos cuesta más despegarnos. Y me convenzo cada vez de que la «angustia por separación» no es algo que sólo tú padezcas, que tu mamá llora por dentro para hacerse la fuerte y que tú no sufras más.

Que no, que no me acostumbro.

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La Maternidad de la A a la Z

La maternidad de la A a la Z: con D de Dolor

embarazada silla2

Dolor, nunca sentí tanto. Dolor físico, dolor de alma, separados, juntos, revueltos, paralizantes en el peor momento. Dolores, maridolores, como decía mi madre que me tenían que haber puesto.

Sentí dolor mientras esperaba que la oxitocina provocara algún tipo de reacción en mi cuerpo, pero fue algo ligero, como anticipando lo que vendría después, como para no asustarme y que tuviera capacidad para afrontar los días siguientes. La doctora me miro de frente «Esto no prospera, no tiene sentido esperar, en cuanto haya anestesista vamos al quirófano» y yo me asusté y miré a mi marido y me dolió el corazón porque él no compartiría conmigo el momento más especial de nuestras vidas, la llegada de nuestro hijo. Y el pequeño salió de mi barriga y me lo pusieron al lado apenas un minuto y se me desgarró el alma, con los brazos abiertos, rozándole apenas con los labios, diciéndole palabras bonitas mientras las lágrimas se desbordaban por el filo de mis ojos.

Y pasaron las horas y volví junto a él. Sé que me esperaba aunque no pudiera decírmelo porque su pequeño cuerpo hablaba para mí. Yo sólo quería levantarme, tirarme de la cama, cuidarle, acunarle, pasearle. Aún duraba el efecto de la epidural que combinada con la euforía de la maternidad me provocaba para comerme el mundo. Pero el efecto pasó y pedí un analgésico y después otro y otro y otro…

Recuerdo ese jueves aciago, doblada, con los puntos tirando, sin poder agacharme siquiera a ponerme las zapatillas, temiendo el momento de ir a hacer pis por tener que hacer fuerza con el abdomen, con el dolor de los entuertos como si hubiera parido. Fue un día muy duro, muy largo, con demasiadas visitas y muy poca intimidad, con la obligación de poner buena cara cuando sólo quería llorar, mi voz de natural enérgica convertida en un hilillo sin ánimo para articular palabra.

Salimos del hospital caminando despacito, muy despacio, por más que lo quería era huir de allí. Los días siguientes de curas y sufrimientos valían la pena con mirar la cara de mi Ojazos, pero me tiraban los puntos y no acababa de encontrarme cómoda en aquel cuerpo dolorido. Después vinieron las grietas y el dolor sordo e insoportable de los pezones en carne viva, un pinchazo intenso que partía de la punta hacia adentro que me paralizaba en cuanto mi hijo comenzaba a llorar.

El dolor menguaba al mismo tiempo que me recuperaba y nuestra vida de nueva familia comenzaba a rodar. Pasaron los días, las semanas, los meses… y en cuanto hubo que buscar guarde para el enano, mi corazón se rompió una vez más. Comenzó siendo una fisura pequeña, casi inapreciable, por la que se iban escapando mi alegría y mis ganas de vivir, porque la búsqueda conllevaba la reincorporación a la vida laboral y la separación de quién desde ese mismo momento ya daba sentido a mi vida. Llorando a cada momento, sin encontrar consuelo, fui avanzando por inercia. El dolor sordo de mi alma no se ha terminado de pasar. Perdura un leve aleteo como el que dejan los buenos perfumes muchas horas después, el que me recuerda que nuestros hijos se merecen que tengamos tiempo para ellos.