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Ser madre

Pido perdón

Me pregunto en qué momento nos metieron en la rueda y nos creímos que no teníamos el poder, cuándo dejamos que fuera otro el que tomara el mando a distancia de nuestra vida y decidiera cuál es nuestra programación. Trabajos, horarios, casas, opiniones, obligaciones, tantas, que nos esclavizan y no dejan que disfrutemos de lo importante: de la gente, de la piel.

Hoy quiero pedir perdón.

Empezaré por esos amigos para los que nunca tengo tiempo, los que me siguen invitando a sus fiestas, los que me escriben para intentar quedar, los que saben de mi vida por la redes sociales, por el blog, quienes han sido muy importantes y que, sin embargo, hace meses que no están físicamente. También a esos que no son tan amigos, que te encuentras aquí o allá, con quienes cruzas alguna frase que finaliza con A ver si nos vemos, nos llamamos la semana que viene pero la semana que viene no llega nunca y lo repites como un mantra cuando, 6 meses después y de nuevo por casualidad, te vuelves a encontrar… la semana eterna.

Quiero pedir perdón a mi madre por no descubrir la forma de decirle las cosas, por no saber explicarle desde la tranquilidad mis decisiones con respecto a mi maternidad, por no hacerle ver que eso no significa que esté etiquetando la suya, que yo la respeto y respeto pedía también.