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Ser mujer

Peso y mujer: adelgazar siendo madre

Empecé enero de 2016 subiéndome a la báscula en una farmacia. Dejé a Ojazos en la escuela infantil, pasé por la puerta de una, metí los 20 céntimos en la ranura y esperé. Miré con cautela el papelito que la dichosa máquina acababa de escupir solo para constatar lo que yo ya sabía: pesaba demasiado. Más de lo que yo quería pesar, sin duda. Más de lo que sería saludable para mí en el futuro si continuaba por esa senda también. Peso y mujer, complicado binomio.

Les dije a mis amigas que me había pesado, aunque no me atreví a confesar el número arrojado por la máquina, y caminé hasta casa barruntando. Y me dije LA frase: «tengo que adelgazar». No solo por ese numerito, sino porque hacía tiempo que yo no me sentía cómoda en mi cuerpo. Ese es el punto fundamental para mí: sin llegar a estar enferma, mientras te sientas bien, todo vale. Pero yo no me sentía así. Mi ropa ya no me quedaba igual. Ir de compras cada vez era más un suplicio porque no encontraba cosas con las que me sintiera guapa, ya sabéis, de esas que suben la autoestima. Era el momento de tomar cartas en el asunto.

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