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La Maternidad de la A a la Z

La maternidad de la A a la Z: con H de Hijo

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Durante buena parte de mi vida, casi los primeros veinte años diría yo, no me han gustado los niños. No tenía mano, no les hacía gracia y podría decir que casi me daban miedo, por aquello de la típica escena en la que vas a coger un bebé y desencadenas una tormenta de lágrimas y gritos. Entonces empecé a cuidar a una niña por las tardes, cuando salía de la Universidad la recogía del cole, la llevaba a casa, le daba la merienda y hacíamos los deberes juntas. Era una niña difícil, despistada, que apenas comía y bastante desobediente además. Según lo escribo me doy cuenta de que la sigo mirando con mis ojos de entonces, no con los que tengo ahora más abiertos y benevolentes. Como no era mi hija, la educaba perfectamente y tenía todas las claves para conseguir cambiarla, pero en todo ese proceso la que cambié fui yo. Cristina consiguió que comenzaran a gustarme los niños y, lo que aún es más sorprendente, que yo quisiera ser tener hijos.

Entre una cosa y otra yo fui creciendo, dejé una relación larguísima y mi sueño de ser una madre joven que no estuviera muy alejada de la generación de sus hijos se fue desvaneciendo. Como os decía en Familia tuve un sobrino al que viví y disfruté y cuidé y cambié pañales y dí biberones, un sobrino que me hizo la mujer más feliz del mundo cuando un día, desde la mitad de un pasillo, gritó «TÍA» y me desarmó.

Conocí al que hoy es mi marido, hablamos mucho del futuro y en sus planes, como en los míos, estaba la paternidad, y me alegré infinito, porque de no haber sido así, y con mucha pena en el corazón, hubiera tenido que dejar de estar con él. Firmamos la compra de un piso, pusimos fecha de boda, la vida se encarrilaba. Y mi cuerpo se «desarregló». Ciclos mucho más largos que antes, reglas que duraban muy pocos días, la mosca detrás de la oreja y un análisis de sangre. «Bueno, parece que tu ovario se está parando» me dijo la ginecóloga. Con 32 años. Y sin hijos.

Ya os conté mi técnica (aquí): dejo que el pánico se apodere de mí sólo unos instantes. Por si sirve de algo, yo me autoconvenzo para ahuyentar los malos pensamientos y que así los negros augurios no se hagan realidad. Me fui preparando mentalmente para quedarme en tía, en TRItía, porque los mellizos ya habían llegado a nuestras vidas. Nos casamos, nos fuimos de luna de miel y lo fuimos intentando. Pero mi hijo, nuestro hijo, el deseo de mi vida, no llegaba. Aplicamos cada truco que me contaban, en esto mi marido me seguía resignado, y al final, cuando casi ya ni la esperaba, la rayita rosa llegó. Iba a tener un HIJO, uno de los dos, con lo mejor de cada uno.

Mi hijo da sentido a mi vida. Sufro por estar separados, pero disfruto enormemente cada segundo juntos. Si alguna vez veis y sentís tu sonrisa entenderéis el porqué: mi hijo es un cascabel que zascandilea por nuestras vidas alborotando cada instante. Mi hijo es bello, muy bello por fuera, pero precioso por dentro también. Mi hijo es simpático y risueño, es un bailongo, es un niño feliz. Nosotros decidimos traer un hijo al mundo y yo estoy convencida de que esa decisión conlleva la responsabilidad de quererle, cuidarle y no perder los nervios cuando él no tiene herramientas para manejar sus emociones. Nuestro hijo es lo más grande que tengo en esta vida. Me gustaría tener más hijos, al menos uno más, aunque este no es el momento, pero no me agobio. Parece que mi ovario sigue funcionando y como alguien me dijo hace unos meses: el equipamiento lo tengo y ya lo hemos conseguido una vez, ¿por qué no debería haber una segunda?

 


 

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La Maternidad de la A a la Z

La maternidad de la A a la Z: con T de Tiempo

 

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El tiempo cambió de pronto. El tiempo tan relativo siempre, cobró una nueva dimensión. Tiempo que dejé pasar hasta hacerme la prueba de embarazo por miedo a que volviera a dar negativo, tiempo en el que no quise pensar que llegabas, nada de hacerse ilusiones por si al final no venías. Luego salió la doble rayita rosa y sólo quería que pasara rápido para ir al médico y que lo ratificara, para ver tu difuso perfil  en blanco y negro, entre nervios y alegrías.

Tiempo que pasó lento hasta la semana 36, mientras mi barriga crecía contigo dentro y yo no paraba de trabajar. Cuando cogí vacaciones y me dieron la baja pude pasear y regalarme en sentirte, sentirte de verdad, no pensando lo molesta que resultaba tu cabeza entre mis costillas. Luego todo pasó mucho más deprisa de lo que yo hubiera deseado. El hospital, los días con papá, el periodo de descanso maternal, la lactancia acumulada, una semana de vacaciones y otra vez en la oficina. Días eternos separados.

Tiempo, mi niño, tiempo, lo que me falta, lo que ambos necesitamos. Tiempo para disfrutarnos, para querernos, para aprender el uno del otro. Tiempo contigo, para ver cada progreso, para dar palmas y compartir tus carcajadas. Tiempo con papá, los tres, tiempo para ser familia, para no estar permanentemente enfadados por lo que el otro no ha hecho porque no ha tenido, precisamente, tiempo.

El tiempo es tan valioso hoy en día, mi niño, que lo daría todo para tenerlo para ti. Cada día pienso cuánto me gustaría coger tu pequeña manita, caminar contigo hasta el parque, subirte al columpio y perderme en esa mirada ilusionada. Darte de comer, acompañarte en la siesta. Volver a jugar, quizá leer un cuento de esos que tanto te gustan, bañarte con calma y, después, llevarte con dulzura por el mundo de los sueños.

Pero como sé, bombón, que eso es imposible, me conformaría con llegar cuando aún no se ha hecho de noche, poder recogerte de la guarde y pasar la tarde juntos. Me conformaría con eso poquito, pero luego querría más. Porque todo el tiempo del mundo es poco tiempo para pasar a tu lado. Porque el mundo sin tiempo para ti no merece la pena.

 

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Ser madre

El año en que fui madre: mi balance 2013

Llevaba varios días dándole vueltas a hacer un resumen en el blog de lo que el 2013 ha sido para mí y de pronto me encontré en mi móvil un mensaje de mi querídisima Carol «He publicado». Allí que fui a leer. Y allí que he visto el minicarnaval de Bea y aún sin tener tiempo me he propuesto participar.

2013. Nuestro año. Mi marido nació un trece. Nuestro bebé nacería en el año 13, sólo podía ser así. El bombón nació en enero, así que durante todo este año he sido mamá. Cuando echo la vista atrás me parece mentira la cantidad de cosas que han pasado. Los larguísimos días en el hospital, llegar con el pequeño a casa, las largas noches sin dormir, seguidas de jornadas en las que no conseguía entender qué le pasaba, horas y horas en Twitter mientras le daba la teta. Descubrir el porteo, el colecho, sentir el apoyo en la distancia, tantos consejos, tantas palabras de aliento.
La luna de miel duró hasta junio, cuando por fin comenzaba a disfrutar de la experiencia. La tristeza que me invadió con la vuelta al trabajo y que aún no me ha abandonado del todo. El agobio para conseguir mantener la lactancia. El agobio por no estar con él, por perdérmelo todo. Me caen las lágrimas mientras lo escribo. El cerebro bullendo a mil por hora, las ganas de hacer cosas, querer escribir, el blog rondando desde 2012 con el embarazo. Y en septiembre, al fin, a la vuelta del verano, con más tristeza aún que antes de irme entre mis salidas a correr para no pensar, consiguió salir a la luz.
No publico mucho, publico cuando puedo, que es menos de lo que necesito. Tengo mis asiduas lectoras, que me animan no sólo en la escritura, en la vida también. Gracias Carol, gracias Virginia, gracias Nata, gracias Elena, gracias Ruth, gracias Roberto, gracias, gracias gracias. No sé qué haría sin vosotros.
El 2013 me ha hecho mejor persona, no me canso de repetirlo. El 2013 me ha traído muchas alegrías, muchísimas, pero también mucha tristeza. Un agujero por dentro, una falta de aire que me paraliza y que sólo se soluciona cuando estoy con él. Cuando no estoy con mi HIJO no sólo me falta el aire, también las ganas de vivir. Es como si no tuviera un órgano vital. Sé que esto cambiará con el tiempo. Sobre todo porque no sólo soy madre, también soy mujer. Tengo proyectos. Quiero escribir. No sólo en este blog, también en el de cuentos y publicar, que el libro llegue. Que el 2014 cumpla sueños. Ah, y ser FELIZ.