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La Maternidad de la A a la Z

La maternidad de la A a la Z: con X de éXito

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Si algo ha cambiado claramente desde que soy madre es mi visión de lo que es el éxito. Antes de la llegada de Ojazos el único significado que se recogía en mi diccionario para esa palabra se referia al éxito profesional, pero ahora pienso de otra forma.

Nunca he sido una mujer de metas laboralmente altas, al menos no en lo que trabajo ahora. Mi única ambición REAL era (y sigue siendo) conseguir escribir una novela, al menos la primera, y publicarla. Bueno, y ya que me ponía, publicarla y vender muchos ejemplares y tener muchas ediciones, pero ya os conté que yo misma me pongo demasiada trabas e inconveniente a la hora de conseguir mis objetivos. De esta forma, esa novela constituye esa meta que sigue flotando sobre mi cabeza como una nube, no sé si blanca, negra o gris, que me acompaña perpetuamente en cada minuto de mi vida. Escribir es mi don y ser escritora es algo que quiero hacer desde los 7 años pero siempre me he visto atenazada poresos  pensamientos que me dicen que escribir una novela es difícil y una empresa demasiado imponente para mí.

Desde que soy madre mi idea de lo que es el éxito ha cambiado, tanto como el significado de las otras 26 que componen mi AZdelamaternidad. El éxito de mi vida radica ahora en cosas pequeñas,  pero muy importantes. Éxito es para mí conseguir arrancar una risa a mi hijo cada día, una de esas contagiosas y alegres que regala con solo un poquito de dedicación y que te contagian hasta que te retuerces. Éxito es, igualmente, salir pronto del trabajo saltando por todos los obstáculos que se interponen en el camino y arrancarle minutos al día para pasar a su lado un ratito más, salir pronto y no estar tan cansada y malhumorada, agotada sólo con su reclamo de un poquito de atención. Éxito también que duerma traquilo , que nada perturbe su descanso, poder estar a su lado cuando se enferma, bajar al parque y jugar con mi pequeño, recogerle de la guarde, pequeñas batallas ganadas cada día. Éxito, por supuesto, es verle crecer feliz y hacerlo recorriendo el camino con su padre, cogidos de la mano, que no me olvide de que tenerle fue una decisión de dos.

Pero para mí el mayor éxito será verle hecho un hombre de bien con el paso de los años, atisbar en su azul mirada la bondad inmensa de la que es capaz el ser humano cuando quiere ser bueno, saberle feliz y querido, empático y educado. Éxito verme reflejada en sus ojos y sentir mi conciencia tranquila.

 

«La maternidad de la A a la Z» es un carnaval de blog iniciado por Trimadre a los 30 que consiste en que cada participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un «Diccionario de madres» con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.»

 

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La maternidad de la A a la Z: con W de Whatsapp

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Yo no tengo tribu, me muevo en un grupo de amigas sin hijos o compañeras con hijos mayores (adolescentes o adultos jóvenes) que están en otro momento vital. Mi entorno hace las cosas de otro modo y, como ya os contaba en Guardería, Twitter al principio fue mi salvación (doy las gracias de nuevo a esos padres tuiteros que tan pendientes están de mí cada vez que me ocurre algo). Tengo un horario infernal, así que no conozco a los padres de los compañeros de Ojazos, lo que conlleva que tampoco tengo esos grupos de Whatsapp que sirven para lo mejor (organizar cumpleaños o fiestas relativas a los peques) y lo peor (demonizar a los profes), según he oído que se hace en ellos. De hecho, hasta hace relativamente poco, mis grupos de Whatsapp se reducían a familiares y amigos, compañeros de trabajo, básicamente gente de mi vida 1.0.

Desde hace unos meses mi Whatsapp se llena de colores por las mañanas. Al principio fueron unas sesiones matutinas de belleza, después un grupo de chicas con ganas de conocerse, algo más tarde comenzamos a tomar té todas las mañanas y nos llenamos de emoción ante la perspectiva de quedar para el Vermut antes de #LaParty para ponernos piel con más calma, grupo que se ha transformado ahora en otro lleno de esperanza ante una vuelta. Todos ellos son grupos de mujeres, mujeres que tienen hijos pequeños y más mayorcitos, que trabajan fuera de casa o que dejaron de hacerlo, buscando empleo o inventándoselo, mujeres que cuidan a sus peques y que intentan cuidarse, mujeres con ilusiones, con metas e inquietudes, con problemas y soluciones, mujeres, al fin y al cabo, como yo.

He descubierto muchas cosas desde que estoy en todos esos grupos. La primera es que las mujeres somos muy grandes (sin afán de desmerecer a los hombres): no hay problema que manifieste alguna de nosotras que no sea respondido con una palabra de ánimo o con una idea de mejora. En ellos no hay competencia, ni competición (salvo terminar el #Azdelamaternidad, ¿verdad Nuria?) sólo ganas de apoyarse, de entenderse, de echarse unas risas o quitarle hierro a espinosos asuntos. Nos consultamos desde las cosas más peregrinas hasta otras más serias, encontrando así la tribu que yo necesitaba. En algunos de ellos la visión de la maternidad es exactamente igual que la mía, no así en otros, que me enriquecen aunque no comparta sus ideas. Otra de las cosas que he descubierto es que, si nos ponemos a pecho descubierto, hay muchas menos guerras que las que nos quieren inventar, y que desde el respeto y con las orejas abiertas es más fácil manifestar y escuchar las opiniones. Lo curioso es que a algunas de ellas ni siquiera las conozco, aunque, desde luego, ya es como si las conociera.

Desde aquí, gracias a todas ellas, vosotras sabéis quienes sois, a las que lleváis más tiempo conmigo, mis imprescindibles, a las casi recién llegadas y a las que espero que vuelvan cuando ellas quieran volver. SOIS ÚNICAS, GRANDES, INIGUALABLES y hacéis las jornadas, en esos huecos que nos dejan los enanos, mucho más llevaderas.

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La maternidad de la A a la Z: con G de Grita

Tengo una entrada en borrador desde el 28 de octubre de 2013. Es curioso, porque sólo tiene línea y media, pero tiene título, se llama Grita y comienza así: Hoy necesito gritar, dejarlo salir. Quiero que el mundo sepa que cuatro meses sigo sintiéndome perdida si no te tengo conmigo, que sigue doliendo como el primero.

El día que escribí esas líneas fue uno de esos de negros nubarrones sobre mi cabeza. No recuerdo si habíamos tenido médico o si Ojazos se había ido llorando a la guarde con papá, pero sí recuerdo mi infinita tristeza aquella mañana. Me senté a soltarlo, dedos ágiles sobre el teclado, y recibí una llamada «¿Tienes plan a comer?» y, para disipar los nubarrones, acepté y dejé de escibir.

Una de las primeras personas que me comentó en este blog me dijo que sonaba triste, que era una pena que viviera mi maternidad así. Y sí, quizá sueno triste muchas veces, quizá me dejo llevar en extremo, pero es que no entiendo, no acepto, me rebelo por la ma(pa)ternidad que me (nos) ha tocado vivir.  Cada día cuando me despido de mi hijo se me parte el alma, aunque intente no pensarlo, porque sé que, como mínimo, pasarán catorce horas hasta que nos volvamos a ver. Mientras escribo esto miro su foto en mi mesa, esa cara casi perfecta, esa sonrisa franca, esos ojos tan abiertos, con tantas ganas de conocer el mundo, y me dan ganas de echarme a llorar. No creo que sea una mujer débil, puede que un poco sensiblona o sensiblera, es cierto, pero la vida me ha enseñado que si me pone contra las cuerdas no me dejo doblegar. Por eso pienso que si lloro por sus ausencias es por dejarlo salir, por no quemarme, por no pudrirme por dentro, por no enfermarme, ay, esa enfermedad que mi madre tanto temía cuando me reincorporé al trabajo.

No creo que viva mi maternidad con tristeza, muy al contrario. Cuando estoy con Ojazos todo son risas, sonrisas, juegos… he descubierto en mí una imaginación increíble que inventa historias sobre las cosas más corrientes, que descubre inusitadas posturas para los músculos de mi cara hasta el punto de provocar sus carcajadas. Me tiro por el suelo, lo levanto, le hago cosquillas, hago correr sus coches por mi cuerpo…  Mi maternidad sólo es triste cuando estoy lejos de él. Y es entonces cuando necesito gritar.

He descubierto el grito como expresión de disconformidad, como la expresión que más se se acerca a expresar lo que siento. Gritar es liberador. Pero gritar a pulmón abierto, a garganta desgarrada, con los brazos extendidos y las manos hacia abajo, con todos los dedos tensos, con los ojos cerrados y el cuerpo saliendo por la boca. Gritar de verdad. Gritar para que me oigan, aquí y en la China, para que sepan que no me conformo y que no deja de doler, que sigo sintiendo que esta separación es lo más inhumano e injusto que vive una madre. Porque la ley debería protegernos y no fingir que lo hace para que, los que la hacen, puedan dormir tranquilos por las noches. Porque la elección debería ser real y no una pantomima. Así que seguiré gritando y os animo a que hagáis lo mismo. Gritad. Gritad. Que nos oigan.